Big In Japan: cuando el Pop Occidental descubrió Japón

Saludos, cosmonautas.

Aunque en los últimos años la cosa se ha vuelto más difícil, Twitter sigue siendo un sitio del que sacar buenas ideas. La del post de hoy surge de una conversación con Marc Bernabé sobre videoclips de artistas occidentales inspirados o que directamente tienen lugar en Japón. Lo que inició el tema fue el más reciente videoclip de Avril Lavigne, Hello Kitty. Al parecer, su forma de presentar Japón, con mujeres inexpresivas, el sushi, y otros tópicos japoneses, ha levantado cierta polémica, y han acusado a la chica de racismo. Ella se ha defendido diciendo que adora Japón, y que hizo ese videoclip con un director y un coreógrafo japoneses, así que si hay que responsabilizar a alguien, quizás no sea a la canadiense.

Otra artista que se tragó cierta polémica hace poco fue Katy Perry. En su caso no fue por un videoclip, sino por su interpretación en los American Music Awards, en la que interpretó Unconditionally con vestuario y escenografía inspirada en las geisha. Aunque no deja de ser otro claro ejemplo de binomio fascinación por lo japonés y el orientalismo de toda la vida, tampoco creo que sea para acusarla de nada más allá de la ignorancia (como espectáculo me parece bonito). Ella justifica la estética geisha porque son un claro ejemplo de “amor incondicional”, haciendo una torpe interpretación del papel de una geisha, que si sales de las novelas románticas, en principio poco tienen que ver con el amor y mucho menos con el incondicional. ¡No son precisamente un entretenimiento barato!

En cualquier caso, más que acusar a Avril Lavigne de racista, yo la acusaría de ser poco original, y de llegar tardísimo con este videoclip. Más allá del poco interés de la canción, de lo absurdo de la letra, y lo tremendamente estúpido del título Hello Kitty (¡el puto gatostiable!), sí que es cierto que está plagado de los tópicos de ese “Japón Pop” que de vez en cuando algún artista occidental rescata para sacar algo ORIGINAL. Pero hijas mías, la historia de los videoclips occidentales con la estética japonesa viene de lejos. Así que vamos a hacer un repaso.

Si pensamos que Avril Lavigne no es original es porque, hace no demasiados años, ya hubo artistas que hicieron algo casi calcado. La más reciente fue Kirsten Dunst, que por un momento dejó de ser actriz para pasarse a cantante, y hacer una versión del Turning Japanese de The Vapors. Lo cierto es que el parecido entre ambos videos es cuanto menos sospechoso (EDIT: tenemos que poner un making of porque han quitado el video de YouTube…).

Pero antes de que algunos se tiren al cuello de Dunst (¿lo hice yo en su momento?), lo cierto es que el videoclip forma parte de un proyecto del propio Takashi Murakami, para una exposición llamada Pop Life: Art in a Material World. Autor que ya sabéis que es uno de los abanderados del Japón cool, del otakismo artístico,etc. Y aunque desconozco por qué se decidieron por esa canción, está claro que hubo cierta malinterpretación del sentido original de la misma. Veamos el videoclip original de The Vapors:

Aparecida en 1980, la melodía inicial y el videoclip sin duda explotan la idea de lo japonés, pero The Vapors explicaron luego que en realidad la canción trata sobre la adolescencia, y esa sensación de estar fuera de lugar, de convertirse en algo desconocido. De ahí lo de “volverse japonés”, pero aseguran que podrían haber puesto “portugués” o cualquier otra nacionalidad. Pero como veremos, esto de explotar la imagen japonesa daba sus frutos, aunque en el fondo no estuviese relacionado con la canción en si.

Más allá de la anécdota de Kirsten Dunst, tenemos otro ejemplo reciente de inspiración japonesa en Gwen Stefani y su proyecto Harajuku Girls. Básicamente durante el 2004, con la salida de su disco Love, Angel, Music, Baby se hizo acompañar por un grupo de cuatro bailarinas japonesas, que se inspiraban en la moda del barrio tokiota de Harajuku. En este caso, parece que el recurso iba más allá que la típica frivolidad estética, y que Stefani realmente quería homenajear ese tipo de chicas, aunque tampoco se salvó de algunas críticas sobre lo racista de rodearse de cuatro japonesas.

Como hemos visto con The Vapors, lo de los artistas occidentales inspirándose en Japón viene de hace años, de hecho, incluso nos podríamos poner a hablar del Japonismo, de Picasso, etc. Pero no hace falta, nos quedamos en los ochenta, cuando se vivía un mini boom de lo japonés en Occidente (nos empezaba a invadir su tecnología), y en esa época salieron películas como Blade Runner o Black Rain, pero también hubo muchos músicos que pensaron que esto de japonesizarse quedaba muy molón.

Uno de los más populares del techno pop de la época, los alemanes Alphaville, crearon uno de esos hits eternos: Big In Japan en 1984.

Aunque a primera vista podemos pensar que nos encontramos ante otro ejemplo de obsesión con las geisha (que ya viene de siglos atrás), como sucedía con The Vapors, la verdad detrás de las letras es bastante distinta. En este caso, lo de “big in Japan” simplemente hace referencia a la idea de no ser profeta en tu tierra y triunfar en otra, y la canción está hablando de una pareja que intenta dejar la heroína (eso es lo que explican sus autores).

Pero aparte de la obsesión con las geisha, como ya comentábamos, tenemos la de la tecnología japonesa, y la canción más “tecnológica” relacionada con Japón debe ser Mr. Robot de Styx, que apareció un año antes, en 1983:

Quizás en este caso sí que se hace una barata metáfora entre robots y japoneses, con esa cara de rasgos orientales que ostentan los mismos en el video, pero lo cierto es que la canción en si forma parte del álbum Kilroy was here, una ópera rock; en esta canción, se cuenta como el protagonista escapa de una prisión metiéndose dentro de un robot. Pero no parece que los japoneses se tomaran mal el tema, porque los mismos Polysics acabaron haciendo una versión cachonda del mismo, y con un video bastante más chulo.

Y la canción también aparece en el primer episodio de la mítica serie “akihabarense” Densha Otoko.

¿Pensáis que los artistas del Estado Español se libraron del japonismo ochentero en la música? Pues atentos a Mecano con su Japón:

Prejuicios a manta también, con la sobada idea del japonés robótico o mecánico ochentero, que sigue muy en boga hoy en día… Pero aún así, le salvaría un par de cosas al video. La primera, el detalle de vestir con el típico uniforme colegial, porque eso es algo que no se ve en este tipo de “homenajes” a Japón. Y por el otro, que este video doméstico de las vacaciones transformado en videoclip, tiene su punto de documento histórico sobre el Japón de los ochenta.

Más cutrecillo fue el videoclip, y la canción, Japón de los No me pises que llevo chanclas. Con esa letra tan España cañí, y que aunque seguramente se hizo con toda la guasa, no deja de ser un ejemplo muy real de lo que muchos españoles tienen en la cabeza cuando piensan en Japón. Tremendamente cutre lo de los subtítulos falsos, con los kanji que no tocan, y encima del revés…

Pero el súmum de la vergüenza ajena nos lo trajeron los cracks de Locomía con su temazo Taiyo. ¡Qué letra! ¡Qué música! ¡Excelsa coreografía!

¿Pero qué se puede esperar de una época y un país en el que por entonces triunfaban cosas como Chikito Nakatone… humor propio de los racistas retratos que se hizo de los orientales en Hollywood durante décadas…

Volviendo al tema de los robots, hacemos otro salto hacia adelante, para hablaros de Muse y su Panic Station. La casualidad quiso que este video apareciese justo después de que en la Arcadia se publicara el ya mítico video sobre el Robot Restaurant de Kabukicho (si no lo habéis visto, os perdéis un gran documento).

Aquí la gente de Muse simplemente aprovechó su paso por Japón para grabar un video bastante cachondo, y es que cualquiera que haya estado en el Robot Restaurant sabe que merece ser inmortalizado de alguna manera (nosotros lo hicimos mucho mejor). Pero tampoco se libraron de la polémica. En la primera versión del video, aparecía la famosa bandera imperialista japonesa que tanta grima da, pero tranquilos, la retiraron.

A diferencia de los que hemos estabo hablando hasta ahora, las referencias en las letras de lo japonés son inexistentes en la canción de Muse y las siguientes, con lo cual Japón se convierte simplemente en elemento estético. Lo cierto es que es muy habitual lo de aprovechar las giras por Japón para grabar videoclips, siempre queda bien ver al grupo en un entorno “distinto” al que estamos acostumbrados. Seguramente eso es lo que pensaron The Killers en su video Read my mind. No se mojan tanto como otros, intentando hacerlo todo “muy japonés”, pero no deja de ser difícil pensar que estos son los típicos videos que podría grabar el típico gaijin que se siente el rey del mundo en su paso por Tokyo. ¿Dónde está la frontera entre el gaijinismo gilipollas y el simple aprovechamiento del escenario? Juzguen ustedes mismos.

Aunque parezca mentira, más comedidos se muestran The Black Eyed Peas en Just Can’t Get Enough, que parecen estar bastante más en su salsa, en comparación con muchos otros (y que por cierto, acaba con mensaje para recoger fondos para el tsunami de 2011).

¿Sabéis quién aprovechó también su vacaciones a Japón para hacer un videoclip que luego completó con unos cromas muy cutres y unos extras ridículos? ¡Pau Donés! ¡Jarabe de Palo se va a Japón! Aunque el video es tan cutre como la canción, que aparte de lo ya comentado, no hay mucha más chicha por criticar (escuchadlo bajo vuestra responsabilidad).

En la modernez y el hipsterismo, la peli Lost in Translation hizo bastante daño, sobretodo en el mundo indie. Buen ejemplo es este Just like Jonny Marr de Alpaca Sports, que se fueron a Japón y grabaron un video muy al estilo Sofia Coppola. Y en este caso, no creo que haya ninguna queja.

The Flaming Lips hicieron algo bastante más discreto, pero ojo que el disco se llamaba Yoshimi Battles The Pink Robots… aunque por desgracia no vemos mucha batalla robótica al más puro estilo tokusatsu. Se dice que el Yoshimi en cuestión hace referencia al batería del grupo japonés Boredoms, que colabora en el mismo disco.

Donde sí vimos un auténtico homenaje al mundo tokusatsu, y más concretamente a las sagas de Ultraman o Godzilla, fue en Intergalactic, de los Beastie Boys (aunque su robot es bastante más cutre que el de los Polysics).

Por cierto, que en los 90 hemos encontrado menos ejemplos, quizás porque Japón ya no estaba de moda como en los ochenta o lo estaría en los 2000, pero ahí estaban Beastie Boys con sus homenajes, al igual que hicieron antes Elastica (no son ni Oasis ni Blur, pero tuvieron su momento en la era del Brit Pop).

Y hablando de racismo, prejuicios, tópicos… puede que algunos recordéis a Pamela Chu. Esa “japonesa de los barrios bajos de Hong Kong” a la que cantaban los Vaqueros, con ese humor tan sutil. Más allá del chiste de primaria, el video es el perfecta ejemplo de lo que es el orientalismo: meter todo lo asiático en un mismo saco, porque ya sabéis, son todos iguales.

Por cierto, que la canción tiene muchas versiones…

Pero ya que ahora tenemos el cuerpo a tono para el ritmo latino, ojo con Los Kalibres y su geisha.

Para terminar, si hay un par de ejemplos de perfecta fusión entre Oriente y Occidente, estos son Jero y Daft Punk. El primero, ese afroamericano que hace llorar a las abuelas japonesas, en realidad no sé si encaja del todo en la categoría, porque su mercado discográfico no deja de ser el propio Japón, pero como decíamos, es un buen ejemplo de un occidental (aunque con una cuarta parte de sangre nipona) empapándose de la cultura japonesa sin caer en el racismo, aunque sea por pura ignorancia (por cierto, hace casi 5 años le dedicamos un post).

Por supuesto, si hablamos de Daft Punk en este blog, es en relación a su fructífera relación con el maestro Leiji Matsumoto, en su Interstella 5555, y tampoco nos alargaremos más porque ya os soltamos el rollo en otro momento. Pero vale la pena recordar que a veces, cuando realmente existe un sincero respeto y admiración por otra cultura, pueden salir cosas interesantes de ahí:

Por último, os dejo con un video de Rise of The Northstar y su Demonstrating my saiya style. Un grupo francés ciertamente obsesionado con Japón, y aseguran que la banda se formó en Shibuya. De hecho incluso cuesta meterles en el saco de todos estos grupos que hemos hablado hasta ahora, porque parecen tener mucha presencia en Japón. Lo que sabemos es que son muy fans del manga y el anime, y decoran su Twitter con portadas de Akira, Dragon Ball, Slam Dunk y otros manga del estilo pandillero de Crows. Otro buen ejemplo de admiración y pasión bien llevados. Ya tocaba meter algo de chicha por aquí, así que nos despedimos con su Metalcore dragonballero.

¡Gracias a Darth Mantis, LTheGirlinBlack, Valerio Z, Fausto Fernández, Santi Trullenque, KosMichin, Ikari Dc, Felipe  y por supuesto, Marc Bernabé por la inspiración!