Paseo por Kyoto: ¿Geisha, maiko o turista?

Saludos cosmonautas,

ayer mismo en el blog de Flapy escuchaba su colaboración en un programa de radio en el que hablaba de las geisha y las maiko, y en la que conseguía derribar algunos de los tópicos que los menos avezados a la cultura japonesa suelen tener en mente cuando oyen la palabra «geisha». Esto hizo que recordara mis paseos por Kyoto en 2007, en mi primer viaje a Japón, de como conseguimos ver una geisha o maiko auténtica (difícilmente las distingo) y como unas turistas disfrazadas nos engañaron a nosotros y a un montón más de turistas.

Después de soportar el calor asfixiante del agosto japonés, un paseo nocturno sienta de maravilla, y parece que uno llega a activarse más, a pesar de haber sudado la gota gorda durante todo el día viendo templos sin descanso. Así pues, nos dirigimos a Gion, con la intención de iniciar nuestra «caza de geishas». Sí, éramos un poco inocente, pensábamos que las íbamos a encontrar por todas partes… pero no.  La primera noche empezamos a explorar algunos de los locales de postín que había por la zona, intentando ver entre esas ventanas de madera si veíamos a alguna geisha en acción. Pero parece que no hubo suerte.

Al día siguiente, tocaría celebrar el Obon en Kyoto, con unas increíbles hogueras (ya os contaremos…), y acabados los festejos nos dirigimos hacia Pontocho. Empezamos a pasear por esa clásica calle exageradamente estrecha, pero llena de restaurantes, bares y otros locales de diversa índole. Y ahí, de repente, tuvimos la gran sorpresa. Casi por accidente, casi sin darnos cuenta, y gracias a que un servidor se encontraba cámara en mano en ese momento registrando todo nuestro paseo…. ¡la pillé! Aunque fueran solo unas décimas de segundo, pero pude captar su huída y captarla para la posteridad.

¿Cómo sé que era una geisha (o una maiko) auténtica? Pues precisamente porque apareció y desapareció a toda prisa, evitando atraer las miradas de los turistas que nos apelotonábamos por la estrecha Pontocho. Y es que lo suyo esla discreción. Eso confirmaba que era verdadera, y es que las que no lo son, no dudan en pasearse, posar y sacar a relucir sus encantos.

Precisamente esto es lo que nos encontramos al día siguiente. Paseando ya en pleno día por Kyoto, bajo el sofocante sol, los ojos como platos al encontrarnos «geishas» en cada rincón. ¿Pero qué pasaba? Dos días intentando encontrar una geisha, apenas con suerte, ¿y resulta que el domingo era su día de paseo y salían todas a la calle? No, eso no podía ser verdad. Y no lo era. ¡Demasiado fácil!

Incautos gaijin. ¡Son falsas! ¡Son turistas como tú! Solo que por un módico precio se han vestido de geishas o maikos, y hala, a posar como si fueran auténticas señoras del arte, para gozo de turistas bobalicones como nosotros. Seguramente están cumpliendo los deseos de mucha gente que va a Kyoto precisamente para ver algo así, así que tampoco hacen daño a nadie (y si lo hacen de alguna forma, contádmelo) y sí que alegran a un montón de visitantes, pero vamos, que al fin y al cabo te están dando gato por liebre.

¿Dan el pego?