Teatre-Museu Dalí: un viaje por el surrealismo

Saludos cosmonautas,

bienvenidos al Teatre-Museu Dalí, lugar en el que lo surrealista se convierte en algo real, tangible, y siempre, fascinante. Este no es un museo convencional, no. Este es un museo teatro, y por lo tanto, cuando uno entra por la puerta empieza la función. No, eso no es cierto, la función ha empezado incluso antes de entrar, ¿habían visto alguna vez un museo decorado con cruasanes y coronados por un montón de huevos? Me jugaría la gorra que no.

Pero venga, no sean tímidos, pasen, pasen y vean. Les recibiremos en nuestro particular jardín, ¿o debería decir parking?

Sí, aquí es donde Dalí aparcó una vez su coche, y aquí se quedó. ¿Que si había alguien dentro dice? Pues no lo sé, ¿quiere echar un vistazo? ¡Adelante! Pero tenga cuidado, uno nunca sabe lo que se puede encontrar dentro…

¡Vaya por Dios, señora! ¡No pegue esos gritos! Estamos en un museo después de todo. Y no diga que no le advertí de que mirar dentro podría hacerle subir la tensión, y quien avisa no es traidor. Pero venga va, que solo ha sido un susto de nada. Levante la vista, vea con qué gusto se ha decorado este jardín, qué formas, qué colores, qué paranoia, ¿es eso una cajonera?

Entremos ya dentro, que en esta época del año se está más calentito. ¿Cuánta luz, verdad? Será por esa enorme cúpula que tenemos encima. Sí, sí, levanten la vista, pero cuidado no les dé un ataque de torticolis, a mi me pasó la primera vez… pero hay que decir que lo monumental de la vista lo vale, es como tener línea directa con Dios. ¡Ring, ring! ¡Ring, ring! ¿Diga? No cariño, estoy con unos visitantes en el museo… sí, las pechugas están en la nevera, volveré pronto, un beso. Disculpen, les había dicho que apagaran los móviles, ¿verdad? A mí se me ha pasado, qué cabeza la mía.

Aunque para cabeza la de Lincoln. ¿Cómo? ¿No la ven? ¿Solo ven a una mujer enseñando el pompis? Ah, claro, perdonen, tienen que mirar por esa especie de telescopio de ahí. Sí, cuesta 20 céntimos. ¿Pero van a perder la oportunidad de contemplar la obra en todo su esplendor? ¡Somos de la pela, eh! Venga, no sea rancia y al menos dele 20 céntimos al niño, que no se lleve una desilusión. Así me gusta. Chico, ahora ves al hombre con barba y sin bigote, ¿verdad? ¡Qué divertido!

Ai, sí. La Costa Brava, bonita toda ella, con sus acantilados, sus aguas azules y bastante frías, debería decir, esas playas escondidas, sus nudistas, esos pezados de carne, esas tetas como butifarras… eh, esto… mmmm… ¿y ese niño? Sal de ahí guapo, como se le caiga uno de esos bastones a la criatura esa vamos a tener niño planchado. Pues nada, si no sabían lo que era el surrealismo… ¡voilá!

Como buen… ¿cómo es la palabra esa que usan los jóvenes hoy en día? Sí, hombre, cuando quieren decir que alguien es excéntrico, raruno… ¡Friki! ¡Sí! Eso es. Pues como decía, como buen friki que era el maestro Salvador Dalí, también tuvo sus flirteos con lo que venía de las lejanas tierras del sol naciente. Y aquí tienen la prueba. ¿Les gustaría esta lámpara para su habitación?

¿No se creen lo de Dalí con los japoneses? Pues pasen por esta sala de aquí, está un poco oscuro, cuidado con el esc… ¡Ai! ¡Señora! Se lo estaba diciendo, ¡cuidado con el escalón! ¿No se ha hecho nada? Bien, prosigamos entonces con esta fantástica obra. Hace poco un joven larguirucho pasó por aquí y exclamó: ¡es Astro Boy! Y bueno, no sé quien es ese Sr. Astro, pero en cualquier caso parece que le pegaba mucho el nombre a esta escultura, hecha con chips y circuitos, y con un fondo fantástico al estilo ukiyo-e. ¡Espectacular!

Pero volvamos ahora sobre nuestros pasos para contemplar una obra que se ha convertido en pura realidad. Es la sala Mae West. No, no fue obra de Dalí, él solo hizo el retrato del apartamento Mae West, pero un arquitecto quiso recrearlo, y aquí tenemos el resultado. Y es que como les había dicho al principio, aquí lo surrealista se convierte en realidad tangible, y también en un sofá hortera.

Es fascinante, pero lo será aún más cuando se suban a esas escaleras y miren a través de ese cristal cóncavo, ¿o era convexo? ¡Bah! ¿Acaso importa? Suban, suban, y verán qué divertido, ¡es Mae West!. Y usted señora, por favor, vaya con cuidado y no se me vuelva a caer por ahí.

Se habrán percatado ya de que el maestro tenía cierta obsesión con los cajones. Y no, no me pregunten porqué. No tengo ni idea. Pero siempre he pensado que sería tremendamente práctico tener unos cajones en el pecho. ¿Acaso no es molesto llevar las cosas en el bolsillo o en el bolso? Aunque conociéndome, seguro que acabaría acumulando un montón de basura y luego el problema sería encontrar las llaves en una noche de borrachera… En fin…

¡Dios mío! Acabo de recordar que no he pasado por la zapatería a buscar mis mocasines reparados. Ah, ¿no se habían dado cuenta de que iba descalzo? Pues miren más al suelo, que van embobados miran las paredes y los techos y luego pasa lo que pasa, ¿verdad señora? ¡Mantengan siempre una buena perspectiva, cojones! Digo, ¡cajones!

Y en un lugar del Empordà, de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía un señor de fino bigote llamado Dalí. Un día, le dió por ponerse a leer el Quijote, y aquí tenemos el resultado. ¿No les parece el Quijote más cyberpunk que han visto en la vida? Pues oiga, es de la primera mitad de los años 50. Sí, sí, como le digo.

¡Casum dena! Alguien se ha dejado el acuario del pulpo abierta otra vez. Si es que no gano para disgustos, y el pequeño Cthulito le ha cogido cariño a un busto de algún dios griego y no deja de babearlo constantemente, voy a por una fregona, que me lo deja todo perdido. Sigan con la visita ustedes solos un rato. Ahora vuelvo.

¡Eh! Señoras, señores, ¿dónde van? Que ya he vuelto. ¿Cómo? ¿Ya han terminado la visita? ¿Y se iban sin despedirse? Mira si es maleducada la gente de hoy en día. Pero a ver, ¿seguro que ya han visto todos los cuadros, escultura, etc.? ¿Todo? ¿Incluso los cuadros «blandos»? Seguro que no han visto uno de los autoretratos más famosos del maestro Dalí. Venga, les acompaño y ya podrán irse a comer su chocolate con churros. Pues nada, aquí lo tienen, «Autoretrato con un trozo de bacon». ¿Qué pasa con el bacon? ¿No les gusta? ¿No queda bien en un cuadro? Tonterías.

Ahora sí, ya pueden salir. Y a ver si se dan un poco de prisa, que ahora viene un grupo de japoneses y tengo que calentar para hacer las reverencias, que mi espalda ya no está como en mis años mozos. ¿Una recomendación para ir a comer? Pues miren, muy cerca de aquí está el Hotel Duran. El maestro Dalí solía ir muy a menudo al restaurante a comer, y verán que está lleno de cuadros y dibujos suyos, una buena forma de seguir la visita. ¿Y que a dónde pueden llevar al niño después? Pues mire, muy cerca de aquí está el Museu del Joguet de Catalunya, les gustará tanto a ustedes como a él, es un museu muy TLQM. ¿Qué es TLQM? Oh, por favor, venga, vayan saliendo ya y dejen de preguntar tonterías…