Un zoo fantasmagórico en Maastricht

Saludos cosmonautas,

recuperamos de nuevo nuestros posts viajeriles para retomar el último viaje hasta la fecha, el que hicimos a Holanda durante la Semana Santa. Nuestra base de operaciones fue Maastricht, pequeña pero preciosa ciudad al sur del país, con algunas extrañas sorpresas que nos encontramos, y que hoy queremos comentar.

Paseando por un parque de esta ciudad famosa por su tratado europeo, nos encontramos con un montón de animales de todo tipo, desde ovejas a patos, muchos de ellos campando a sus anchas por el recinto (que no estaba cerrado en absoluto – o sea que era fácil que una pato o una oca saliesen a la calle). Pero aparte de unas ocas extremadamente desafiantes y atrevidas, lo que más nos llamó la atención fueron otro tipo de animales que encontramos en el mismo parque, mucho más estáticos. Y este fue el primero que vimos…

Todo un señor oso, sentado en un banco como el que no quiere la cosa. Una fantástica escultura, cuya expresividad era espectacular. Realmente nos quedamos impresionados por esa postura, su mirada fija al suelo…

La escultura nos despertaba una mezcla de sensaciones. No era muy agradable. Realmente daba una sensación de depresión muy grande, aunque al mismo tiempo despertaba nuestra compasión. Y a todo esto, esas manos humanas que tenía no dejaban de ser algo inquietantes. ¿Qué significaban?

¿Y esa mirada? De acuerdo, son solo dos bolitas, pero realmente se podía apreciar esa mirada desesperada, abatida del animal. Y nos quedamos un buen rato observando al oso…

Tanto rato que le cogimos un gran cariño, y no pudimos evitar ponernos a consolarle. Estaba claro que necesitaba nuestro apoyo, fuera lo que fuera lo que le preocupaba (aunque en esta foto sólo parezca que haya vomitado después de una borrachera). Pero ese oso no era el único animal que encontramos ahí. Sin saberlo, nos habíamos metido en un extraño zoo de los horrores. Y si el oso era algo enigmático, atención a la siguiente visión:

Una chica, que parecía completamente real, junto al cuerpo de una jirafa, y unos extraños bultos detrás. Rodeada de un foso más macabro si cabe, en el que había muchas otras estatuas de animales, todas ellas con unas miradas tristes y desesperadas…realmente parecía que pidiesen ayuda.

Pero lo que realmente nos tenía alucinados era esa chica y su caída jirafa, ¿qué significaba eso?

¿Y qué eran esos bultos?

¿Y ella? ¿Era Sadako? No encontramos una explicación “oficial” al respecto (bueno, sí, un cartel, pero en holandés…), aunque tenemos nuestra teoría. Como os decíamos al principio, en el recinto pudimos encontrar un buen número de animales de todo tipo. ¿Y si toda esa zona fue un zoo de verdad años atrás? Uno de esos zoos antiguos y tan tristes, en el que los animales se encontraban completamente fuera de lugar. Animales que sufrían en cautiverio. ¿Podría ser esto un homenaje a esos pobres animales?

Al final, ya gracias a insistir un poco en Google, hemos descubierto que la jaula en cuestión sí albergó animales, concretamente era un foso para osos (de ahí seguramente la estatua del oso triste), pero todo el conjunto trata en general sobre especies en peligro de extinción. Por otro lado, parece que la chica va cambiando de vestido de vez en cuando, y son los estudiantes de una escuela de arte los que se lo proporcionan, con lo cual esas extraños bultos de colores formaban parte del vestido que tenía en ese momento.

Y como curiosidad final, justo al lado de ese zoo fantasmagórico… una estatua dedicada a D’Artagnan. Y es que al parecer, el famoso mosquetero fue herido de muerte precisamente en Maastricht, aunque al final acabaría muriendo en otra parte. ¡Qué parque más extraño!