El día que perdí mi virginidad… rolera

Saludos cosmonautas,

3 de Julio de 2011, un día que tendré que marcar en mi calendario de hitos personales, y es que finalmente, con 31 años cumplidos, pude jugar a mi primera partida de rol.

Es posible que a muchos de vosotros os extrañe, “¿cómo es posible que alguien tan culturalmente disperso como Urías no haya jugado nunca antes a rol?” Buena pregunta, la misma que me he hecho yo durante años. Os puedo asegurar que no ha sido por falta de ganas. En mi casa tengo los libros de “El Señor de los Anillos”, “La llamada de Chtulhu”, “Los cazafantasmas”, y alguno más. Me los había leído, había aprendido más o menos la mecánica, pero nunca pude ponerla en práctica. El problema, mis amigos no eran “frikis”, o no lo eran lo suficiente. A pesar de mis intentos, después de llegar a montar una pequeña partida introductoria a “El Señor de los Anillos” versión básica, los resultados no fructificaron. Mis amigos preferían jugar a juegos tipo HeroQuest, o juegos de cartas como Magic, Star Trek o incluso el Señor de los Anillos. Sucedáneos dirán algunos, pero no pude arrastrarles más allá. Finalmente me rendí, y con los años, e incluso nuevos amigos, la cosa se ponía peor (¡no he conseguido ni jugar a Munchkin!), así que abandoné toda esperanza de ser un friki completo.  Hasta que…

Hasta que recibí un email de Andrés Palomino, jugador experimentado, invitándome a la segunda edición de… ¡ROL A LOS 30! La intención no es otra que organizar partidas de rol para aquellos que ya superan la treintena, y que por ese mismo motivo han ido abandonando el hábito de jugar. ¡Todo un honor que me invitaran a participar! ¡A un novato como yo! Aunque también pensé que quizás lo único que querían era utilizarme de sacrificio a algún dios primigenio, o cometer un simple asesinato por placer de los de toda la vida (ya sabemos como son estos roleros). Afortunadamente la invitación especificaba que lo que íbamos a hacer era jugar a “Spirit of the Century”, un juego de los llamados “independientes”, de temática pulp, situado en los años 20-30, que al parecer da mucha cancha a la interpretación de los personajes, y se puede jugar rápidamente y sin dificultad.

El máster, el gran Joan Tretze, nos sorprendió ya de entrada montando unos altavoces en la mesa, un netbook, y un teclado numérico complementario, que le iba a servir para poner música y efectos de sonido en los momentos adecuados. Con la mesa llena de patatas, chucherías y cervezas, era el momento de empezar.

Mi personaje era un alemán (pero no nazi) llamado Jürgen “Klein” Frogner, todo músculo y poco cerebro, con la fuerza de Hércules, y problemas para meterse en espacios reducidos. Mis compañeros eran una atractiva francesa que no podía ir a ninguna parte sin su equipaje, un piloto yanki bravucón, y un torturado parapsicólogo que se pasaba el día en la barra del bar. ¡Un cuadro pulp la mar de fantástico!

Lo que siguió a esto fueron 4 horas intensas de aventuras al más puro estilo Indiana Jones, así como un no parar de beber cerveza y comer todo lo que teníamos ante nuestras narices (patatas, ganchitos, ruedas, gominolas…). Muchas risas, muchas aventuras, y algunas ideas muy locas que llegaron a funcionar (pero no os contaré más por si algún día jugáis a esta aventura, quien sabe…).  Lo que sí os diré es que, a pesar de estar al borde de la muerte, de quemar unos cuantos nazis, y escapar de varias tribus indígenas cabreadas, lo único que ganamos fue la satisfacción de seguir con vida (y nada del dinero que nos habían prometido).

“¿Pero cómo funciona esto?” Es posible que muchos de vosotros no hayáis jugado nunca a rol, como era mi caso, y que no sepáis exactamente en qué consiste una partida. Lo más importante aquí es la imaginación (por muy cursi que pueda sonar eso), y es que la libertad de acción es inmensa (o tan inmensa como te deje el juego o máster, pero ese ya es otro tema). Por supuesto que hay un guión con unas situaciones que el máster va a plantear a los jugadores, pero todo lo que hagas a partir de esas premisas depende de ti y de lo que sea capaz de hacer tu personaje (si lo consigues o no dependerá, en buena medida, de la suma de tus habilidades – puntos de fuerza, agilidad, etc. – y la suerte que tengas con los dados). Puedes consensuar con el grupo qué vas a hacer (explorar la escena, comer, dormir, preguntar algo, largarte, etc.), o puedes ir por libre y hacer lo que te apetezca sin contar con la opinión de los demás. Así que cada partida puede ser diferente, y el resultado no tiene porque ser nunca el mismo. Puede parecer muy complicado o muy sencillo, aunque en cierto modo son las dos cosas a la vez. Hay ciertas reglas que organizan ese mundo y tus acciones (que el jugador no siempre necesita conocer, pero sí el máster), pero no te dictan lo que debes hacer, más bien lo regulan para que tenga cierto “realismo” (y emoción). Así pues, mientras que el máster tiene que dominar perfectamente todo ese sistema, como jugador sólo tienes que preocuparte de usar la imaginación y decir qué acciones va a tomar tu personaje en cada momento.

Nos habían contratado para encontrar este ídolo, ¿os suena de algo? A ver esas conocimientos culturalmente dispersos…

No me pondré a valorar la mecánica del juego ni nada por el estilo, ya que mi experiencia y criterio no da para ello, pero todas las opiniones sobre “Spirit of the Century” que había leído eran muy positivas, y yo me lo pasé en grande. Así que si os gusta todo el rollo pulp o el rollo Indiana Jones, es altamente recomendable. Además, me quedó muy claro que, al menos con este juego, cualquiera con un mínimo de imaginación es capaz de jugar (aunque tener un buen máster será de ayuda).

Volviendo a casa después de la partida pensé que tendría que asesinar a alguien por el camino, así como manda la tradición. Pero la verdad es que tras esas 4 horas de intensas aventuras y comida basura, pocas ganas tenía yo de mancharme de sangre. La próxima vez será.

 Aquí los responsables de mi desvirgamiento rolero, los perpetradores del Rol GangBang: (de izquierda a derecha) Ismurg, Joan Tretze, Tonino y Andrés. ¡Gracias chicos! ¡Hay que repetir!