Infiltrado en una banda de Black Metal: Dimmu Borgir (1de2)

Saludos cosmonautas,

iniciamos hoy una nueva andadura en la Arcadia, una especie de post sobre viajes, pero que tiene que ver con la faceta más musical de Urías. Ya lo contamos hace un tiempo, pero algunos cosmonautas no deben saber aún que durante unos 7 u 8 años Urías se dedicaba a cuerpo y alma a escribir en una revista musical ya extinta llamada Hell Awaits. Una revista que durante sus 10 años de existencia (más o menos) era el referente en España (y también suramérica) en cuanto a Metal Extremo, es decir, Black, Death, Doom, Gothic, Thrash, y todos aquellos estilos que lo tenían crudo para aparecer en las Metal Hammer o HeavyRock de antaño – hoy en día las cosas han cambiado un poquito, y quién sabe, quizás tuvimos parte de culpa por pequeña que fuera.

Ya que Urías está orgulloso de algunos de sus logros como reportero, hemos pensado que no estaría mal hacer una selección de algunos de esos artículos que guardan un sitio especial en su corazón de Metal, siempre intentando que sea algo de interés para los cosmonautas de la Arcadia. Así pues, empezamos con uno de los más duros, interesantes y reveladores reportajes. Nos situamos en el 2004, en la gira de una de las bandas de Black Metal más exitosas de todos los tiempos y en uno de los momentos más álgidos de su carrera. Os hablamos de Dimmu Borgir y la gira de su aclamado “Death Cult Armageddon” que hicieron junto a los míticos Hypocrisy y los por entonces novatos Norther. 3 días que llevan a las bandas en autobús desde Bilbao hasta Valencia, y de Valencia a Barcelona.

¿Y si metemos dentro del autobús a Urías con estos personajes?

¿cómo son las giras de las bandas de Metal? ¿os lo creéis si os decimos que pueden ser muy ABURRIDAS?

(Para aclarar algunos aspectos del reportaje y por temas de espacio hemos recortado o editado algunas partes del artículo original.)

10 Octubre de 2004

Este nuevo viaje empezaba como parece que empiezan todos los que hago para Hell Awaits, demasiado temprano. Tengo un despertador realmente molesto y en lugar de hacer “pip, pip, pip” suelta un molesto e ininterrumpido “¡mooooooc!”; y eso, a las cinco de la mañana, suena como si fuesen las trompetas del juicio final. En esos momentos no habría sido difícil mandar a la mierda a Dimmu Borgir y a su gira, pero me debo a mi revista, y con voluntad de hierro me dirigí a la Estació del Nord de Barcelona para coger el autobús que me llevaría hasta Bilbao. Ah, recordadme eso de que me debo a mi revista más adelante.

Ya sé que la media de altura española no es precisamente de las más elevadas del mundo, y con solo entrar en un autobús uno se de cuenta de eso. Mis piernas largas sufrieron bastante durante las ocho horas que duró el trayecto Barcelona-Vitoria-Bilbao y acabé realmente destrozado después del viajecito. Ni siquiera pude dormir un buen rato ya que la estrafalaria chica que se sentó a mi lado no se reprimió en soltar molestas carcajadas viendo la película de turno o de cantar a viva voz cuando se ponía su discman (espero que nadie del autobús llegase a pensar que íbamos juntos…). Pero por suerte ya estaba en Bilbao y dispuesto para encontrarme con Raquel y Martín, dos buenos amigos y anfitriones en mi corta estancia por tierras vascas (si queréis saber qué hice durante el rato que estuve con ellos, clickad aquí).

Después de casi una hora de trotes una furgoneta “vintage” llegamos a la Sala Jam de Bergara. Por fin, mi agotador viaje llegaba a su primer punto de control. En breves minutos me presentaría a la gente de Dimmu Borgir. O eso es lo que pensé, porque la cruda realidad fue muy distinta. Al parecer, y para variar, los preparativos del concierto iban muy mal de tiempo; las puertas de la sala abrieron con una hora de retraso y los asistentes ya se habían encargado de protestar, golpeando la puerta o gritando a intervalos irregulares. Pero mi caso fue mucho peor; estuve tres horas esperando a que alguien viniese a recogerme o a que me dejasen entrar. Tenía que hablar con Jez, el Tour Manager de la gira, pero al parecer estaba muy ocupado y no podía hacerse cargo de mí. Pero es realmente difícil saber con certeza quien fue el responsable de mi exagerada espera en el frío, ¿el Tour Manager pasaba de mí? ¿la gente de la sala no se preocupaba en absoluto? ¿al promotor le importaba una mierda mi situación? Seguramente la culpa se diluye entre tanto intermediario. Pero sin duda, las formalidades que se dan en estos casos respecto a quien puede entrar y quien no llegan a límites algo ridículos y de poco sentido común. Las protestas que tanto mis compañeros de viaje como yo hicimos pasaron por Barcelona y llegaron hasta la misma sede de Nuclear Blast en Alemania (el todopoderoso sello discográfico de Metal, con muchas de las bandas más punteras de Europa y parte del extranjero en su plantilla), pero justamente antes de que las cosas empezaran a liarse mucho más me dejaron entrar “por el morro”; un gesto amable que podría haber llegado varias horas antes, y es que un servidor, con las pocas horas de sueño, las horas de viaje y todo el cansancio acumulado estaba a punto de tirar la toalla en cuanto a este Tour Report (y es en éste momento en el que tenía que acordarme que me debo a mi revista). Pero ya estaba dentro, cansado, pero calentito y llegué a tiempo de escuchar el final de la actuación de Hypocrisy, genial… Al rato salieron Dimmu Borgir al escenario, pero seré sincero, en ese momento me importaba bien poco, lo único que quería era encontrar un sitio donde sentarme y disfrutar de la actuación a un nivel puramente auditivo. Echaría algunos vistazos de vez en cuando, pero poco puedo decir sobre su actuación ya que mi juicio crítico se había quedado congelado con el frío que hacía fuera, y tardaría un día en descongelarse.

Una vez acabado el concierto tenía que volver a la fría calle, pero esta vez para que me guiaran, por fin, hasta el Tour Manager. Subí unas escaleras y ahí estaba Jez Hale, con un solo vistazo ya me di cuenta de que era un hombre muy ocupado. Se hicieron las presentaciones de rigor y dada su imposibilidad de pronunciar mi nombre correctamente, optó por llamarme por uno de mis múltiples nicks (“do you have a nickname?”). Seguimos con las normas para el autobús de gira; orgulloso le dije que ya había estado en otra gira y que conocía las normas de “prohibido cagar” y “prohibido vomitar”, así pues ya estaba preparado para conocer a mis nuevos compañeros de viaje.

Detalle de la camiseta del “Tour Manager”, el mandamás de la gira, ¡expresado aquí de forma muy contundente!

Me senté en un sofá, dónde habían colocado las pizzas post-concierto, y por lo tanto, prácticamente todos los “Dimmu” iban desfilando para coger su parte; era entonces que se hacían las presentaciones. Pocos minutos después me había quedado totalmente frito en mi cómodo sofá, pero era hora de coger el autobús para dirigirnos hacia Valencia. Como parece que es lo habitual en giras con tres grupos, el autobús del grupo principal es el mismo en el que viajan los roadies, y el otro autobús es para los dos grupos restantes. Esta vez podría comprobar que una vez fuera del escenario hay poca diferencia entre un roadie y un músico, todo el mundo se mezcla y no da la sensación que existan clases (solo en la prioridad ante la pizza, lógicamente a favor de la banda). Mientras Jez se ocupaba de acondicionar una litera para mí, me senté en la parte de abajo del autobús dónde había empezado la fiesta de cada noche. En escasos dos minutos ya tenía en mis manos una Foster’s y un enorme cubata de Red Bull, y tanto Galder como Vortex insistían en que bebiese, pero me excusé por mi falta de ganas de unirme a la fiesta, yo ya no podía más. Así que rechacé la invitación de Vortex de jugar una partida de ajedrez y cuando Jez me informó de que ya tenía preparada mi cama, fui directo hacia ella para intentar, insisto intentar, dormir unas horas. Pero en un autobús de estos, eso es tener mucha fe. Me acomodé en mi compartimiento, deseando dormir y dormir. Pero no recordaba que la primera noche en un autobús siempre es difícil y hay que acostumbrarse al traqueteo. Al traqueteo y a los gritos, la música…

Tuvo que ser precisamente en mi primera noche con ellos, y en una de las noches en las que más he deseado dormir, la que escogieron para hacer una de sus fiestas a lo bestia. A lo largo de toda la noche los que se quedaron despiertos no dejaron de gritar y de escuchar música a todo trapo, además la cadena de música no parecía estar en muy buenas condiciones y el exceso de graves hacía que el autobús vibrase y añadiese más molestias a mi agonía. Si no me equivoco se pasaron prácticamente todo el rato escuchando Van Halen y emocionándose cada vez que oían algún tema mítico o alguno de esos solos. Pero a un servidor no le hacía mucha gracia, estaba realmente destrozado y sin ninguna facilidad para dormir. “No sé si estoy hecho para esta vida…” pensé entonces.

11 Octubre de 2004

Normalmente al escribir sobre un nuevo día tendría que empezar con el típico “Me levanté a las…”, pero no se dio el caso de tener un “despertar” ya que ni siquiera puedo contar las horas o minutos que dormí, eran las siete de la mañana y la fiesta en la parte de abajo del autobús seguía. Habíamos hecho una parada en una estación de servicio (supongo que en alguna parte de Aragón), entonces Peter Tagtgren y Matthias (el segundo guitarra de las giras de Hypocrisy) aprovecharon para entrar en nuestro autobús y actuar de relevo para aquellos que ya se habían cansado y querían dormir algunas horas. Entonces la fiesta bajó un poco de tono y pude echar una cabezadita. A eso de la una del mediodía me decidí a levantarme y ver que era lo que quedaba de la fiesta. Para darme los buenos días, un dormido Nicholas Barker abrió de golpe la cortina de su litera, que estaba debajo la mía, y soltó un tímido “good morning”. “Buenos días” le dije yo, “soy Urías de Hell Awaits”. Así que después de haberme presentado a uno de los baterías más famosos del momento (había prestado servicio en otra de las bandas de Black más populares del momento, Cradle Of Filth) bajé las escaleras para encontrarme con los responsables de mi falta de sueño.

Peter de Hypocrisy y Galder de Dimmu Borgir: casi 12 horas de fiesta ininterrumpida (y tendrá consecuencias…).

Allí estaban Matthias y Tagtgren de Hypocrisy, Galder (guitarrista de Dimmu Borgir) y el técnico de luces. Sus caras hablaban por si solas, desde las tres de la noche y hasta casi las dos de la tarde habían estado de fiesta (echad cuentas de la cantidad de cervezas que podía haber en la mesa, entre otras bebidas alcohólicas). Fui bien recibido y entre balbuceos poco comprensibles Tagtgren me intentaba explicar algo. Como ya hiciese Vortex la anterior noche, Matthias me invitó a una partida de ajedrez, y aunque no estaba en condiciones mucho mejores que antes acepté de buen grato. Y gané, Hypocrisy 0 – Hell Awaits 1 (y en ese momento mi reputación ganó algunos enteros en el autobús). Por ese momento ya habíamos llegado a Valencia y en breves minutos aparcaríamos dentro de la Sala Republicca. Pero antes de salir a explorar por esa sala, seguiría un buen rato con mis compañeros matutinos escuchando el disco de TATU, que entre una cosa y otra llegó a sonar unas 3 o 4 veces seguidas. Y ahí estaba yo, entre un guitarrista de Dimmu Borgir y Old Man’s Child, el segundo guitarrista de Hypocrisy, y el cerebro de Pain, Hypocrisy y uno de los productores de Metal más importantes de Europa, haciéndose polvo con el disco de esas dos lesbianas rusas. Se flipaban con los solos, con algunas de las bases de bajo y los ritmos, una imagen de esas que no se olvidan. Aunque al final tuve que reconocer que teniendo en cuenta la naturaleza de un producto musical como es TATU, el trabajo musical era realmente destacable (¿me había convertido en uno de ellos?).

Ya era hora de mirar afuera; hacía un buen día, un 11 de octubre de mucho sol y una temperatura muy agradable, ¿será cosa del calentamiento global? Era un buen momento para salir y realizar un asalto bien planeado a la mesa de catering. Difícil decir si tenía más hambre o más sueño, pero era el momento de recuperar algo de fuerzas para combatir el resfriado que había pillado durante esa noche de infortunios. Mientras yo me paseaba por la mesa del catering la frenética actividad de los roadies para descargar y montar todo el tinglado hacía rato que había empezado…

La actividad de un roadie merece una párrafo aparte como éste (e incluso se ha merecido un videojuego recientemente). Muy pocas veces se les reconoce el trabajo realizado, que es diez veces más duro que lo que llegan a hacer las bandas y sin duda imprescindible para que los grandes grupos puedan dar los conciertos en las mejores condiciones (posibles), y aunque las bandas tienen que luchar contra un grandísimo aburrimiento, estos currantes se llevan la palma con una vida de trabajo intenso y agotador. Es bien conocida la frialdad de los noruegos, y es por eso que en este viaje llegué a relacionarme mucho más con los roadies que con la banda, ya que muchas veces era difícil seguirles la pista, eran gente bastante escurridiza y reservada. Esta gira contaba con unas 12 o 13 personas con distintos trabajos. Había unos 3 o 4 conductores, uno que se encargaba del camión del material, teníamos a la chica del merchandising, a Jez como Tour Manager, y en cuanto al apartado técnico se contaba con dos portugueses, uno encargado de los bajos de Vortex y el otro de las guitarras de Galder, dos ingleses, siendo uno el que se ocupaba de las guitarras de Silenoz y el otro como técnico de luces, y finalmente dos americanos, el primero en las funciones de técnico de sonido y el último, el simpático y dicharachero John, que era el que se ocupaba de la batería de Nicholas. ¿Y como era la vida de esta buena gente? Se levantan más o menos en el momento en que el autobús ha llegado a la sala y empiezan a descargar todo el material rápidamente. Luego van alternando fugaces visitas al catering con el montaje de todo el equipo, contando con la ayuda del personal de la sala. Esta tarea les llevará muchas horas. Cuando por fin han acabado con eso, pongamos que a las tres de la tarde, es el momento para que los músicos vayan desfilando por el escenario para realizar las pruebas de sonido. Normalmente es aquí cuando empiezan a surgir todos los problemas, resultado de la falta de entendimiento, coordinación, y puede que a la incompetencia con la que algunas veces se enfrentan estos profesionales. Cada día, el Tour Manager cuelga por todas partes un horario detallado de todo lo que hay que hacer y a que hora, pero curiosamente, habiendo asistido a un total de seis días de gira, jamás he visto esos horarios cumplidos. Normalmente el primer grupo tiene que probar a eso de las cuatro de la tarde, pero acaban haciéndolo pocas horas antes de que se abran las puertas.

El escurridizo Shagrath, vocalista de Dimmu Borgir, comiéndose un yogurt mientras los roadies lo preparan todo.

Pero no dejéis que me desvíe tanto del diario del roadie, ya que una vez han montado y hecho todas las pruebas de sonido pertinentes su trabajo no acaba. Tienen un pequeño descanso para cenar, a eso de las siete de la tarde o antes, pero deben volver a ponerse a trabajar en seguida. Tienen que acabar de organizarlo todo y prepararse para el concierto, donde tienen que estar atentos a cualquier incidencia para solucionarla enseguida, así como tener preparado todo lo que pueda necesitar la banda; desde las exigencias en cuanto a sonido, hasta las aguas, pasando por las guitarras… y la sangre de Vortex. Una vez acabado el concierto no se acaba la actividad; al momento de abrir las luces de la sala para que el público se marche, se ponen a desmontar y a cargarlo todo en el mínimo de tiempo posible. En algunos casos, a eso de la una o las dos todo el trabajo ya esta hecho y es entonces cuando, por primera vez en todo el día, el roadie se puede relajar; pueden asistir a las “afterparty” que se hacen a menudo o simplemente ir al autobús para unirse a la fiesta habitual de los músicos. Algunos se irán a dormir, pero más de uno se quedará para beber y divertirse. Y después de haber dormido pocas horas, el autobús llega a su destino y volvemos a empezar con la rutina. ¿Qué músico se atreverá a decir ahora que la vida en la carretera es dura para ellos? Un diez para los roadies que en general, a pesar de todo lo que tienen que hacer y en que condiciones, pocas veces pierden el buen humor y la sonrisa, algo realmente necesario para pasarse meses trabajando a este ritmo y con ese estrés.

Roadie en acción, ¿qué sería de todo esto sin ellos?

Mi actividad durante esa “mañana” se redujo a deambular por el complejo, a hablar y bromear un poco con los roadies y sentarme por todos lados esperando que ocurriese algo mínimamente interesante (lo habitual, vamos). Pero eso no ocurriría hasta bien entrada la noche. Así que me limité a observar con detalle las actividades de toda la “crew” de la “European Death Cult Campaign”. Me senté al lado del escenario viendo como se montaba la enorme batería de Nicholas. John, el roadie, me explicó que la batería era casi recién estrenada mientras  y se la miraba con cierto orgullo. Cuando Nicholas se puso a su lado a contemplarla parecía que John era el que más se emocionaba con el opulento instrumento, como si fuese su niña, y teniendo en cuenta el cuidado que le prestaba era totalmente comprensible.

El bote donde guardan la sangre que luego usan en los conciertos (no, no es real ni de ninguna virgen, por si alguien se lo preguntaba).

Al poco de rato de estar ahí, después de hacer una foto a la botella de “sangre” que usa Vortex en los conciertos y que llevaba una pegatina que proclamaba “Proud To Be Norwegians” (orgullosos de ser noruegos), Galder hizo su entrada triunfal; este noruego fiestero que se había pasado toda la noche dándole a la botella y al “headbanging”, tenía que apoyarse en la pared para poder mantenerse en pie, y es que no había para menos. Todo el mundo le preguntó por su estado y le recomendaron que se fuese a dormir. Así lo hizo, y hasta poco antes del concierto no se le vio el pelo. Su compañero de juerga, el señor Tagtgren, también tuvo que retirarse hasta la noche; según me contaron, Danielle, la simpática chica que se ocupaba del merchandising, hizo todo lo que pudo para hacer que Peter se metiese dentro de su litera, pero éste acabó arrancando la cortina de la litera y tirado en el suelo, dónde estuvo durmiendo prácticamente toda la tarde. Ésta y otras fueron las anécdotas presentes y pasadas que estuvo contándome Danielle, pasé una buena tarde charlando junto a ella y Kristeen, la novia de Mustis (que al vivir en Barcelona pudo unirse unos días a la gira), mientras Nicholas y Shagrath firmaban pósters en el “Meet & Greet” que 3 o 4 afortunados habían ganado en algún concurso. Danielle comentó que había hecho bastante giras con Dimm Borgir, ya llevaba varios años con ellos, y a pesar de eso aún no se había aprendido sus pseudónimos artísticos (seguramente le parecían ridículos), lo cual dificultaba nuestra conversación ya que yo no conocía sus nombres reales. Haciendo un poco hincapié en mi condición de cronista de la gira me habló de una periodista francesa que estuvo algunos días con ellos. Para las bandas, que un periodista se meta en sus vidas puede resultar ciertamente incómodo de primeras, se sienten un poco invadidos y es por eso que pueden resultar más secos de lo habitual (y lo pude comprobar en las dos giras que estuve), pero como en toda relación social se acaba rompiendo el hielo e incluso se puede establecer cierta amistad o buen rollo. Pero en el caso de la periodista francesa resultó casi imposible que ésta soltase palabra o que aceptase cualquier invitación de tomar algo, ni siquiera agua, y Galder, que por mi experiencia era uno de los que más se acercaba a los periodistas (con su estilo personal, que se podía malinterpretar), no pudo aguantar mucho; intentó sacarle conversación a la muchacha, ya fuese invitándola a tomar algo o preguntándole que cosas le gustaban, pero ante su negativa a dar concesión alguna, Galder acabó gritándole y diciéndole que ella no tenía vida, que no le gustaba nada, que era una sosa. No sé si la chica acabó llorando, no sería extraño dadas las circunstancias, sobretodo por esa sensación de desamparo que a uno le puede invadir en experiencias como ésta. Pero sin duda eso fue algo exagerado y desmesurado (aunque seguramente Galder ya no podría resistir tanta timidez), y no puedo ni imaginar como se sentiría la pobre y tímida francesa, a la cuál le mando mis condolencias desde aquí.

¿Quién no le tendría miedo a este señor?

La aburrida tarde continuaba igual de interesante, prácticamente todo el mundo se había concentrado en la parte exterior de la sala, intentando tomar algo de sol que pronto se esfumó. Vortex y unos amigos que estaban de visita se fueron a ver un partido de fútbol, los chicos de Norther, que poco había visto por entonces y que se relacionaban exageradamente poco con sus compañeros de gira, mataban el tiempo dándole patadas a un balón. Por fin se acercaba la hora del concierto y los fans se agolpaban frente la puerta corrediza de entrada, intentando ver alguna cosa si se abrían las puertas de vez en cuando. Algunos verían como Mustis, Matthias, un servidor y en algún momento Lars Szoke, batería de Hypocrisy, dábamos algunas pataditas al balón con el que jugaban antes Norther. Dejando las filigranas para Mustis y Matthias, yo me retiré del “partido” después de demostrar que el fútbol no es lo mío.

Los miembros de Hypocrisy comentando las mejores jugadas del partido, pero… ¿dónde está Peter?

Unos minutos después se abrían las puertas y los fans empezaron a tomar sus puestos ante el escenario, a la espera de que Norther hiciesen su aparición. En esta ocasión volví a perderme a Norther, ya que mi resfriado era cada vez más molesto y opté por relajarme durante un rato en la oscuridad del autobús. Ahí estaba Nicholas, que pocas veces se separaba de su cachimba, conversando tranquilamente con uno de los roadies. Al poco rato llegó Mikael Hedlund, bajista de Hypocrisy, con un aire ciertamente de preocupación; faltaba poco más de media hora para la actuación de Hypocrisy y Peter Tagtgren no se levantaba, seguía tirado en su autobús durmiendo la mona y no había manera de despertarle.

¿Qué pasó después? ¿Llegó Peter Tagtgren a despertarse? ¿Hypocrisy pudieron finalmente dar el concierto? ¿O miles de fans tuvieron que quedarse con las ganas de ver a Hypocrisy y la liaron parda en Valencia?

Lo sabremos en la próxima entrega (la tenéis aquí). ¡Esperamos vuestros comentarios y preguntas!