Naoshima, una isla japonesa llena de arte


Saludos, cosmonautas.

Después de la vorágine de grandes y pequeños proyectos de estas últimas semanas (el estreno de Songokumanía, la canción #TLQM y el webcómic del Profesor Hurías), recuperamos los posts dedicados a nuestro reciente viaje a Japón. Y lo hacemos con uno de los destinos más especiales del itinerario: la isla de Naoshima.


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Naoshima se encuentra en el mar interior de Seto, más concretamente cerca de Takamatsu (en la isla de Shikoku), y también cerca de Uno (en Chugoku, ya en Honshu), y estos son los dos puertos a través de los cuales se puede acceder en ferry en muy poco tiempo. Una vez en la isla, es fácil moverse en autobús o en bicicleta. Y quizás también a pie, pero luego os contaremos algo al respecto.

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Como habréis visto por estas primeras fotos, lo particular de esta isla es que está repleta de obras de arte al aire libre. Es más, casi la mitad de la isla forma parte de un complejo llamado Benesse Art Site, que consiste en varios hoteles-museo y una buena concentración de arquitectura y escultura. Hace más de 20 años el alcalde de Naoshima y el fundador de la actual Benesse Corporation acordaron convertir la isla en un sitio especial, donde el arte fuera el protagonista, y la gente pudiese vivir intensamente la arquitectura, la pintura, la escultura, etc.

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Se ha hecho un esfuerzo para la integración de la arquitectura y el arte en la propia naturaleza, de forma que visto desde lejos apenas se aprecian algunos de los edificios, e incluso hay obras que, si no conoces bien la localización, se te pueden pasar. Aún así, pasear por dicho complejo se convierte en una experiencia nueva. De hecho, ese rollo moderno y casi futurista te puede recordar a las películas de James Bond y cosas similares, en las que aparece la típica isla del malo malote que vive rodeado de piezas de diseño y edificios futuristas. Y la referencia al agente 007 no es gratuita, ya que curiosamente se encuentra allí un museo dedicado al espía británico (aunque no tiene nada que ver con el complejo de Benesse).  De hecho, esa devoción por el arte ha empapado al resto de la isla, y entre otras curiosidades se encuentran los baños Yu, de los más espectaculares, a la vez que  horteras, que encontraréis en todo Japón.

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Sin duda, una de las mejores formas de disfrutar de la isla es alojarse en alguno de los distintos hoteles-museo de Benesse. Pero advertencia, no es barato. De hecho es un auténtico lujo, y su habitación más económica sube hasta los 30.000 yenes por una doble en temporada baja (25.000 una individual). Aunque fuera del complejo hay algunas otras opciones más económicas y mochileras, si uno puede permitírselo, vale la pena vivir la experiencia completa (la habitación incluye pase gratuito a varios de los museos, aunque no todos). Las habitaciones son preciosas y tienen unas vistas de lujo, con la playa a pocos metros. Se respira tranquilidad. Ah, y no hay televisión. Ya que el hotel considera que para disfrutar mejor de la estancia, el arte y la naturaleza, sin tele se hace mejor (si alguien no puede aguantarlo, las alquilan a un módico precio).

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Estupendas vistas desde nuestra habitación.

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Esto es lo que te recibe cuando entras a la zona de habitaciones, un fan del cubismo.

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Y esto es lo que te recibe cuando vas a la playa, un monstruo acuático.

Moverse por la isla es muy fácil si eres huésped del hotel, ya que constantemente hay autobuses que dan vueltas a la isla haciendo paradas en los distintos museos y puertos. La otra opción es la bicicleta, o hacerlo a pie. Pero para esto último, hay que tener un poco de cuidado, dejadme que os explique nuestra pequeña anécdota.

Una vez has hecho la reserva en uno de los hoteles-museo, la gente de Benesse te manda un email recomendando que hagas reserva para la cena de estilo kaiseki que se sirve en uno de los museos. Al ser un tipo de cocina muy especial, los horarios y las plazas son limitadas. Tan limitadas que, si no haces la reserva, pueden llegar a mandarte hasta tres emails insistiendo para que hagas una reserva. Hay un par de menús, costando el más barato unos 60 0 70 euros. Al ser ya muy cara la habitación, pensamos que había que ahorrar un poquito, y decidimos que la cena la haríamos en alguno de los locales de la zona del pueblo, al lado del puerto. La primera sorpresa nos la llevamos al ver que por la noche el autobús del hotel deja de circular (más o menos a las 19h, cuando ya se había puesto el sol), con lo cual, si queríamos ir al pueblo, teníamos que andar. Sobre el mapa no parecía mucho, así que empezamos a caminar por la carretera. Nos dimos cuenta de que esa integración con la naturaleza también pasa por iluminar poco los caminos… hasta que llegamos a los límites del complejo de Benesse, y nos dimos cuenta de que ya no había farola alguna. Tendríamos que andar totalmente a oscuras por una carretera. ¡Nos sentimos atrapados en el complejo! (¡A lo James Bond!) Y tuvimos que claudicar. Volvimos al museo, y tuvimos que insistir para que nos dejaran cenar allí sin reserva. Tuvimos suerte.

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Sin duda alguna la comida era cara, pero os podemos asegurar que era deliciosa y original, y que pocas veces uno tiene la ocasión de probar platos así. Pero nos quedaba cierto gusto amargo. Entendimos esa insistencia por la reserva de la cena, al no haber muchas más posibilidades de salir de allí (a no ser que tengas bici o vehículo propio), pero realmente parece que te estén obligando a cenar allí. Aún así, y una vez más, si os lo podéis permitir, no os arrepentiréis de vivir la experiencia completa.

Si os gusta el arte, la arquitectura, la gastronomía y la playa, Naoshima debería ser un sitio de obligada visita si pasas por Japón. Os dejamos con un breve vídeo de nuestra experiencia. De ciencia ficción.

Y ahora os recomiendo pasaros por este post de Ignacio Izquierdo, cuyas fotos hacen más justicia que las mías a lo espectacular del lugar.

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Esta parte del hotel-museo no sé si es más James Bond o más Phantasm (¡Morningside!).