Dazaifu y el museo Showa, un museo #TLQM

Saludos cosmonautas,

es miércoles, y como ya es tradición, volvemos con un post sobre viajes pero que esta vez vamos a enlazar con la temática #TLQM, aunque bueno, todos sabemos, y ya lo dijo Pau, que viajar es #TLQM.

Volvemos una vez más a nuestro viaje a Japón del 2009, cuando iniciamos el reportaje Crónicas desde Cipango, y concretamente a nuestro paso por Fukuoka para entrevistar a Ale. Para hacer la entrevista, nuestro anfitrión escogió Dazaifu, uno de sus lugares favoritos de la zona (y donde hicimos muchas fotos de los sakura). Ahí se puede encontrar un bonito conjunto de templos que, al no ser tan populares a nivel turístico, acostumbran a ser mucho más agradables de visitar, sin aglomeraciones,  sin conservantes, ni colorantes, pero con el mismo sabor de siempre (el sabor de las semillas de soja).

Estuvimos un rato paseando ese fantástico lugar, y buscamos un sitio apartado y tranquilo donde grabar a nuestras anchas. Eso sí, con toda la calma del mundo y disfrutando del sitio.

Pero aparte de la naturaleza y los templos sintoístas, hubo otra cosa que llamó nuestra atención, el siguiente cartel:

Lo que estaba anunciando era que ahí cerca había un “Museo de la Era Showa”, es decir, de la época que va de 1926 a 1989. A efectos prácticos, en realidad era un museo de #TLQM, sobretodo con material de las décadas de los 60, 70 y 80. Pero antes de entrar al museo había una tienda con un montón de discos, juguetes, y otras cosas #TLQM antiguas (aunque algunas eran ya de la era Heisei, la actual).

Desde Ultraman a El Puño de la Estrella del Norte, GeGe No Kitaro, e incluso… el maldito gatostiable.

Como los “Superdiscolandia” que tenía yo de pequeño, pero estos con Kikaider, Devilman y bueno, Superdiscolandia también tenía Comando G.

Un montón de cosas que nos transportan a una época que no hemos vivido, pero que curiosamente nos llama más la atención.

Estuvimos un buen rato curioseando, y al final compré un Single en vinilo de Space Sheriff Gavan. La verdad es que no nos hizo falta entrar en el museo, y es que con la cantidad de cosas que tenía a la venta, ya nos dimos por satisfechos, pensando que el pequeño museo que había detrás de una cortina no iba a dar para muchas más sorpresas.

Aprovechamos para visitar un rinconcito que sonará a todos aquellos que tengan el libro de fotografía de “Soñar con Japón“. La foto es casi idéntica, ¿quién creéis que hizo la del libro?

Cuando el sol empezaba a caer, ya de vuelta a Fukuoka, me despedía de Ale delante del Mandarake (aunque antes hice unas cuantos compras). Era el mismo lugar en donde nos habíamos encontrado por casualidad dos días antes.

¡Fue un gran día!