Somos controladores aéreos

Saludos cosmonautas,

hoy queremos hablaros de un pequeño problema que afecta a la mayor parte de los considerados culturalmente dispersos. Un mal endémico que ha llegado a cotas dramáticas en parte por culpa de nuestras nuevas formas de consumir cultura.

Hace poco podíamos escuchar en una entrevista a Cels Piñol una comparación reveladora: “somos como controladores aéreos”. Una vez más, uno de los grandes gurús de #TLQM acierta a la hora de describir una situación que nos afecta mucho, y que va a peor.

Si habéis visto alguna película o jugado a algún juego en el que aparezcan controladores aéreos sabréis que su forma de dirigir el tráfico de aviones se basa en los “slots”, una especie de reservas de espacio aéreo que duran 15 minutos, y que un avión tiene que solicitar antes de despegar. Los controladores recibirán un montón de peticiones de slots, y ellos tendrán que ir ordenándolos, formando una especie de cola virtual (a veces real) de aviones que quieren aterrizar o despegar. Teniendo en cuenta que por distintos motivos, un avión puede no cumplir con el horario asignado, entonces es cuando hay que saber gestionar bien el tema, ya que se tomarán decisiones con aviones que ya están volando.

Tenemos la imagen de una película, no recordamos cual, en la que estos slots se representaban físicamente con unas fichas en las mesas de los controladores. Los iban cambiando de sitio, y así tenían claro qué vuelo sería el primero en llegar, el segundo, etc. No sabemos si actualmente se siguen usando estas fichas, pero queremos que os fijéis ahora en esta imagen:

Lo que veis aquí es una foto de nuestra mesilla de noche, poco antes de que la Comandante nos obligase a ordenarla un poquito. Es un fiel reflejo de su aspecto habitual. Podéis ver en primer plano el recopilatorio de Camelot 3000 (del que hablamos en un post), números de Los muertos vivientes, un Thor de Vértice dibujado por Buscema, Mondo Lirondo, Creepy, una revista de SFX, un libro de Philip K. Dick, Macanudo, y aunque no se vean, varios mangas de Bakuman y Gantz enterrados debajo de todo. Esto, cosmonautas, es nuestro tablero de controladores aéreos. Además, habría que añadir otro tablero virtual lleno de series como Fringe, Sons of Anarchy, Mad Men, The Big Bang Theory, The IT Crowd, Dr. Who, Kamen Rider, tantas otras películas en DVD o en DivX que se van acumulando en nuestro disco duro, e incluso recomendaciones que guardamos en nuestros favoritos de Twitter o en el blog. Como decimos en catalán “se t’ha girat feina”, o en otras palabras, que tenemos mucho trabajo culturalmente disperso por hacer.

Seamos realistas. No tenemos todo el tiempo del mundo. De hecho, parece que cada vez tenemos menos, y ese montón no para de aumentar, ya sea física o mentalmente. Si hace unos años nos pasábamos el día deseando estar al nivel de otros países, y poder leer/ver todo lo que queríamos, ahora mismo nuestra lucha está en poder ordenar nuestras prioridades de consumo cultural (¿empiezo por un cómic corto, que luego puedo compaginar con ese libro, y en el baño me leo esa revista, y mientras voy en tren juego a la DS a ese juego? ¿o mejor me centro en ese tocho de Adolf? ¿Fringe o una película? Si veo dos de Fringe es casi como una película y me da tiempo a leer antes de dormir… ¡ufff!). Claro que no vamos a arriesgar la vida de 200 personas con una de nuestras decisiones, pero seguro que compartís con nosotros esa necesidad de devorar compulsivamente cómics, libros, películas, series… ¿alguien ha dicho videojuegos? ¡Otra maldición!

El siglo XXI ha abierto las puertas para que tengamos a tocar prácticamente cualquier obra que podemos considerar “todo lo que mola”, más que nunca acumulamos y acumulamos como hormiguitas en estanterías o discos duros, y seguro que muchos de los que leéis esto sois “culpables” de haber recopilado más cosas de las que jamás seréis capaces de ver/escuchar/leer/jugar (bueno, muchos creen/creemos que lo harán a partir de la jubilación, pero eso está por ver). Nos vienen a la mente expresiones como: “ten cuidado con lo que deseas”, “quien mucho abarca poco aprieta”, o simplemente que en nuestra bendición hemos encontrado la maldición.

Diviso que en el futuro habrá una especie de “coach” o “consejero culturalmente disperso” que nos ayudará a definir nuestras prioridades culturales, a definir cuales son las obras más importante para nuestra formación como fans, nos enseñará a decargar/comprar de forma coherente con nuestras posibilidades, y si es necesario, nos recetará unas vacaciones de cultura, que nos ayuden a poner las cosas en perspectiva. Como diría Obélix, “están locos estos frikis”.