Doctor Who: la resurrección (2005-2009)

Saludos cosmonautas,

ya es casualidad que el día después de que vea el último capítulo de David Tennant como Doctor Who, se publique una noticia en la que el propio Tennant asegura que le encantaría volver a la serie. No sé qué pensarán los fans de Matt Smith, el actual Doctor, ya que algunos dicen que es de los mejores doctores habidos y por haber. Pero después de haber vivido en unos pocos meses los 3 fabulosos años del Doctor de Tennant, y sin haber empezado a ver aún a Matt Smith, casi que firmaría para que volviese. Ha sido en buena parte gracias a él que me he enganchado de nuevo a una serie como hacía tiempo que no me pasaba.


Como ya conté en su momento, el Doctor Who formaba parte de mi imaginario infantil, y fue una auténtica sorpresa descubrir que, no sólo la serie iba mucho más allá de Tom Baker, sino que además se había relanzado después de 16 años en los que sólo había aparecido una TV movie. ¡Y menudo regreso!

Russell T. Davies es el nombre, el hombre, el responsable de que la TARDIS haya vuelto a funcionar después de años acumulando polvo y nostalgia. Aunque parece que el actual guionista jefe, Steven Moffat, está eclipsando su labor, no podemos olvidar que fue él quien creó la nueva serie, le dio la personalidad, el formato, las reglas, y en definitiva, quien arrastró por el vórtex temporal al Doctor Who de los ochenta hasta el siglo XXI.

Uno de los cambios principales fue la duración de los episodios, ya no eran de 20 y pocos minutos, y es que este formato ahora ya es exclusiva de las comedias (o del tokusatsu nipón). Si en el Doctor Who Clásico (1963-1989) se dividen las historias por arcos argumentales, ahora la cosa va más por episodios de 45 minutos (aunque a menudo veremos episodios dobles). Esto permite narrar historias de forma diferente, con otro ritmo, y además, también ha permitido a muchos guionistas invitados hacer cosas algo más especiales, jugando con situaciones originales que no tenían porque afectar en nada la evolución de la trama principal de la serie.


Esto último es otro de los grandes cambios que incluyó Davies en el nuevo Doctor Who, algo también muy acorde con la televisión actual, las tramas argumentales que se alargan a lo largo de toda la temporada (o temporadas). Hablamos de esos misterios como el de “Bad Wolf”, la importancia de Donna Noble y la de su padre, o el misterioso personaje de River Song. Grandes historias que se van desarrollando a partir de pequeños detalles y que suelen terminar con grandes giros argumentales, revelaciones, o sorpresas; lo que en definitiva acaba enganchando al espectador moderno. Pero, sin duda, donde Russell T. Davies fue más valiente y original fue al añadir ese pequeño toque de culebrón amoroso entre Rose y el Doctor. La imagen clásica del personaje, normalmente ya de cierta edad, era la de un alienígena asexual. No había historias de amor, y no se percibía tensión sexual alguna con las decenas de acompañantes femeninas que tuvo (ni con los acompañantes masculinos).

Christopher Eccleston, quien tuvo la difícil tarea de interpretar de nuevo al Doctor, apareció como un personaje salvaje y malcarado, que nos puede recordar en algunos momentos al mismo Tom Baker, o incluso al pionero William Hartnell (básicamente por el borderío y el sarcasmo – y nos encantó como lo hizo Eccleston). Destrozado por las consecuencias de la Time War, podemos ver como hay cierta rabia y sadismo en su personaje. Hasta ahí, parece que el Doctor no había cambiado tanto. Pero el primer capítulo se tituló “Rose”, y eso no fue para nada gratuito. Esa choni del extraradio londinense sería la encargada de humanizar al Doctor, hasta el punto de conseguir que se enamore de ella.

Aunque Eccleston asegura que fue él quien quiso dejar en seguida la serie, parece muy inteligente el timing de presentación del fenómeno de la regeneración; lo mejor para presentar a las nuevas generaciones este genial recurso que permite cambiar de actor sin tener que cambiar del todo el personaje. Pero también hizo más fácil y creíble la historia de amor entre Rose y el Doctor (ahora más joven y apuesto). Ahí entraba David Tennant, que para muchos (y muchas) ha sido el reclamo y la razón de engancharse irremediablemente a la serie. Ya fuese por el look, la vis cómica, la intensidad eléctrica que le daba al personaje, o sus parloteos incesantes, David Tennant cogió el testigo de Eccleston y lo llevó a otro nivel.

No sabemos si era por la experiencia acumulada, por las posibilidades que les brindaba escribir para Tennant, o simplemente que el éxito les había dado más confianza (y presupuesto), pero en la segunda temporada parece que los guionistas también empezaron a brillar de verdad. El culebrón amoroso cada vez empieza a tener más peso, y llega hasta el final de la segunda temporada con una de las historias más épicas y lacrimógenas de la serie (lloramos cada vez que vemos “Doomsday”… ¡y esa música!). Pero al mismo tiempo vemos como Steven Moffat se marca un “The Girl in the Fireplace”, o Russell T. Davies nos sorprende con el original “Love & Monsters”, donde el Doctor y Rose apenas aparecen, y nos maravilla con “The Impossible Planet” y “The Satan Pit” (por ahora, una de mis historias favoritas – ¡que introduce los Ood!). Las historias, digamos, autoconclusivas, son de las que suelen brillar más en la serie (y las que se llevan los premios BAFTA).

Si Tennant podía tener difícil sustituir al nuevo Doctor Who original, para Freema Agyeman era un reto imposible sustituir a Billie Piper (Rose) como acompañante del Doctor. De hecho, los guionistas debieron ser tan conscientes de ello que ya habían preparado el terreno para sustituirla antes incluso de aparecer (con el episodio especial “The Runaway Bride”), y le hicieron sufrir durante toda la temporada con su amor no correspondido. Desde el primer episodio “Smith & Jones” (que me encantó), seguía la tensión sexual en la serie, pero esta vez sólo en una dirección. Y aunque para muchos Martha Jones es la acompañante que menos les ha gustado, a nosotros nos gustó su punto más salvaje e inteligente, y también como evolucionó el personaje (aunque es algo que se desarrolla sobretodo al final de los finales de la 3a y 4a temporada). Aquí también brilló una vez más Steven Moffat con su “Blink”, pero el arco argumental de “La familia” también vale la pena recordar, así como el épico final de temporada.

Y ya cuando parecía que Tennant iba a ser el Doctor para siempre, empieza la cuarta temporada, la última de la que podríamos llamar primera etapa del nuevo Doctor Who, la de la resurrección. Esta era la última temporada en la que Russell T. Davies iba a ser el guionista jefe, y parecía lógico que fuese también el final del Doctor de Tennant. Aquí es cuando repescarán a Catherine Tate (Donna Noble) para ser la acompañante , dándole una vuelta de 180 grados al prototipo de chica guapa que adora al Doctor, y dándonos a una trabajadora temporal con mala leche, que no se deja amedrentar por el cerebro privilegiado del piloto de la TARDIS. Para muchos, la mejor de las 3 acompañantes hasta el momento (y no os voy a decir que no), aunque no aparece en “Midnight”, uno de los mejores de la temporada para un servidor .

Es aquí donde se resolverán ( y de qué manera) prácticamente todas aquellas tramas que se habían preparado ya desde la primera temporada. Parece obvio que estos 4 años se habían concebido como una unidad a nivel argumental, y el relevo estaba cerca. El Doctor de Eccleston terminó de forma más o menos abrupta (y a Rose le costó digerirlo), pero está claro que Tennant se había ganado una despedida a lo grande. El final de la temporada regular se alargó con 3 épicos episodios que resolvían prácticamente todos los enigmas y tensiones. Además, Tennant pudo gozar de 4 episodios especiales durante 2009 (seguramente haciendo tiempo para el nuevo Doctor), que le sirvieron para despedirse de todo el mundo. “The Next Doctor” fue seguramente una “broma”, y aunque es un episodio entretenido (con mecha incluido), no pasa de ser un episodio más, y “Planet of the Dead”, aunque algo mejor, tampoco es para tirar cohetes. “The Waters of Mars” ya nos recuerda más al Doctor Who de los grandes momentos, aunque podría ser mejor. Y esto último es aplicable a “The End of Time”, el especial doble que acaba definitivamente con la regeneración de Tennant. Si bien hay varios elementos que tendrían que convertir esta historia en algo apasionante, parece que el resultado global no está a la altura de la propuesta. Quizás es algo repetitivo, y quizás el cambio de guionistas llegaba en el momento justo. Pero sólo por los 10 minutos finales de Tennant vale la pena. Una despedida larga, tranquila y emotiva, una forma de decir adiós sin traumas.


Los ingleses siempre dicen que cada generación tiene “su Doctor”. En mi caso, este tendría que ser Tom Baker, ya que fue el único que vi de pequeño, y el que me fascinó. Pero creo que gracias a la resurrección podemos decir que algunas generaciones tenemos dos doctores, y está claro que mi nuevo Doctor es David Tennant.