COUPLING, el “Friends” de Steven Moffat

Saludos cosmonautas,

Steven Moffat es un nombre que, a día de hoy, hace que le brillen los ojos a más de un fan. Primero por sus episodios en Doctor Who, premiados y de los más recordados de la era de Russell T. Davies como guionista, después Moffat acabó sustituyéndole y adoptando a Matt Smith llevó la Whomania a otro nivel (ni mejor ni peor). Por si esto no fuese suficiente, Moffat se lió con otro proyecto que ha tenido un éxito tremendo, “Sherlock”, que en poco tiempo se convirtió en otra serie de culto.

Lo que quizás sea más desconocido es su trabajo anterior, también en la BBC, en una serie llamada “Coupling”. A primera vista, una obra que apenas parece tener nada en común con aquellos trabajos con los cuales se le relaciona hoy en día, pero que está lleno de detalles que demuestran el carácter culturalmente disperso de su creador.

“Coupling” es en apariencia una simple sit-com al más puro estilo Friends (con 3 chicos y 3 chicas protagonistas), cada uno de ellos con una personalidad muy bien definida, pero no por ello necesariamente estereotípica. Más de uno encontrará paralelismos con la famosa sit-com americana, se podría decir que hay una “Phoebe”, e incluso un “Ross” y una “Rachel”, pero os podemos asegurar que los personajes de Steven Moffat están o más locos, o son mucho más incisivos.

En realidad el planteamiento es sencillo, la serie trata sobre relaciones entre hombres y mujeres alrededor de los 30 años: el sexo, la amistad, el compromiso, las obsesiones… así como todas aquellas dudas existenciales que pueden surgir a esa edad, en la que muchos se preparan para cierta transición vital. A priori puede parecer limitado, pero os podemos asegurar que no se hace en absoluto monótona.

Como buena comedia inglesa, el peso de toda la serie recae en unos espléndidos diálogos, cuidados con esmero y milimetrados palabra por palabra. Apenas hay frases de relleno. Por supuesto que siendo una sit-com podemos esperar algunas “situaciones” comprometidas, líos y confusiones (encontraremos a un personaje experto en ello), pero los diálogos siguen siendo el vehículo principal para el humor, y lo que más destaca en “Coupling”. Por cierto, la serie está inspirada en la relación del propio Steven Moffat con la productura Sue Vertue, con lo cual no es casualidad que los protagonistas principales se llamen Steve y Susan. Según dicen, estando Moffat borracho escribió en un papel el título “Coupling” y se lo dio a Sue, pidiéndole que le preguntara al respecto más adelante.

A pesar de tener toda la pinta y características de la típica sit-com, se puede decir que “Coupling” iba un paso más allá, y creaba sus propios patrones. Los guiones no sólo juegan con las palabras, también con la estructura narrativa. Uno de los clásicos es empezar la historia con la versión masculina, para pasar seguidamente a la femenina, e ir alternando, a menudo sin saber exactamente de qué están hablando. Se hace un gran uso de recursos como el flashback o fast forward (depende de como lo enfoques), utilizar distintos puntos de vista en una misma situación, e incluso en un episodio en el que dos personajes rompen, se puede ver simultáneamente lo que les sucede a cada uno de ellos (todo un ejercicio de guión y dirección).

Pero no podemos olvidar que hay seis personajes con mucho carácter que son capaces de llevar adelante esos diálogos, sin necesidad de artificios. En ese sentido, “Coupling” es muy teatral. Aunque todos están bien en su papel, casi siempre recordaremos a los más histriónicos, y en ese sentido, no podemos dejar de mencionar a Jeff Murdoch (interpretado por Richard Coyle). Jeff por si solo es ya un motivo para ver esta serie. Es una personaje tremendamente exagerado, pero hilarante. Un treintañero que por culpa de sus nervios siempre se acaba metiendo en fregados, tanto por lo que hace, como especialmente por lo que su verborrea nerviosa provoca. Es un personaje lleno de traumas infantiles y juveniles inimaginables, que le han convertido en un ser inseguro y obsesivo, pero a la vez, con un gran sentido del humor. Como os decíamos, vale la pena conocer a un personaje que dice tener 8.000 palabras diferentes para designar los pechos femeninos. Pero ojo, tampoco os perdáis a Jane, la loca del grupo.

A pesar de ser una serie con una audiencia potencial amplia y hasta cierto punto “generalista”, Moffat no pudo resistir poner su marca de FAN en varias ocasiones. No estamos hablando sólo de referencias culturalmente dispersas en multitud de capítulos, desde Star Wars a recreaciones de Reservoir Dogs o Taxi Driver, pasando por incluir frases de tantas otras películas. Su alma whovian realmente se desató en su cuarta y última temporada. Obligado a buscar un sustituto al personaje de Jeff (Richard Coyle no quiso encasillarse), introdujo el personaje de Oliver, el propietario de una tienda de artículos de Ciencia Ficción llamada “Hellmouths”, que como buen amante británico de la SciFi, es un gran fanático de Doctor Who. Así que no sólo podéis esperar diálogos con referencias a los Daleks, sino que podréis verlos y oírlos en algunas escenas.

Un gran ejemplo es esta crítica que hace Steve de los cojines, que acaba con un chiste sobre Daleks que probablemente sólo entenderán aquellos ingleses que de niños se escondían detrás del sofá:

Aunque el esplendor whovian llega con escenas como esta (que no hemos encontrado en inglés por desgracia):

http://www.youtube.com/watch?v=l1Ds8zNKYbc

Tenéis cuatro cortas temporadas de “Coupling” por ahí, y os podemos asegurar que hay pocos episodios que no valgan la pena (si es que hay alguno). Es posible que se requiera cierta “edad” o haber vivido ciertas experiencias para apreciarla al máximo. Pero ya sea por sus diálogos, sus planteamientos originales, personajes como Jeff, o incluso su ramalazo no siempre disimulado de #TLQM, vale la pena. Una demostración de que Steven Moffat ya era muy grande incluso antes de Doctor Who o Sherlock.

Por cierto, lo de “Gerónimo”, no es nada nuevo para Moffat:

http://www.youtube.com/watch?v=ULpWf6UOIgE

PD: Existe una versión americana. No os molestéis. Terrible.