Tokusatsu: Crítica de Kamen Rider Kiva

Saludos cosmonautas,

Con el estreno el pasado fin de semana el nuevo Kamen Rider, llegó el momento de enterrar al que nos ha acompañado durante este 2008 y parte del 2009, el Kamen Rider más gótico hasta ahora, Kamen Rider Kiva (para más datos y argumento pinchar aquí). Es momento entonces de hacer un balance de como ha funcionado, a nuestro parecer, la novena entrega de la saga de la era Heisei.


La primera impresión que tuvimos de Kiva no fue ni del todo buena ni del todo mala. Su traje, realmente atrevido considerando sus antecesores, nos agradó por intentar algo diferente, tenía un look ciertamente agresivo, gótico, muy del siglo XXI, dejando un poco de lado las clásicas armaduras robóticas, para algo más orgánico, más al estilo Hibiki. Pero por otro lado, su ataque final no acabó de convencernos, esa pierna alada tenía un aire demasiado ortopédico, esa subida a los cielos del revés, estaba como… como del revés. Lógicamente nos hemos acostumbrado a ello, pero no deja de ser uno de esos hisatsu attacks más flojillos.

Respecto a los enemigos, los “fangire” (¿con un juego de palabras algo tonto quizás? pero a uno le hace sonreír). uno diría que eran de los más conseguidos si los comparamos con los recientes Kabuto y Den-O, y esa idea de usar las vidrieras de Iglesia como característica de los fangire creemos que fue ciertamente original. Pero una vez más nos fallaba algo, y en este caso era ese ataque suyo con colmillos voladores, que aunque conseguían generar ese miedo al bocado vampiresco, no acababan de ser del todo contundentes.


Otra cuestión importante en Kiva, era el hecho que la acción transcurría en dos tramas distintas temporalmente, una en la actualidad con Kiva y compañía, y la otra en 1986, con los progenitores de los primeros. Eso daba un juego interesante a la serie, porque aparte de lo interesante que era la recreación de los años 80 (aunque estaba más trabajado en los primeros episodios), le añadía emoción a la trama al ver como los hechos en una y otra línea temporal iban encajando poco a poco.

En otro orden de las cosas, nos encontramos que Bandai tuvo seguramente mucho que ver en muchos de los artilugios y otras cosas varias que aparecieron en la série (aunque eso está a la orden del día, claro está, se trata de vender cuantos más muñequitos mejor). Y entre el castillo volador, la espada de Kiva y tantas otras chuminadas… se lucía en la serie un catálogo de juguetes que realmente le daban un toque incluso más infantil que el que tenía Den-O (que ya es decir).

Con todas las cartas sobre la mesa, es momento de entrar a valorar el desarrollo de la série, a lo largo de estos 48 episodios. Y de la misma forma que el pie con alas de Kiva no acabó de entrarnos, diríamos también que sus primeros pasos tampoco fueron con muy buen pie. Aunque es cierto que, con cada nuevo Rider, uno acostumbra a tener la sensación de que la cosa no es tan buena como la anterior (y con el paso del tiempo siempre va a mejor). Pero con la excepción de la trama de 1986, Wataru no parecía dar la talla para ser un Kamen Rider y quizás su aspecto de niño guapo con cara de no haber roto nunca un plato no ayudaba (aunque por lo que parece, sí ayuda a que las madres de los niños que ven la série se enganchen a ella – de ahí porque los Riders parecen sacados siempre de alguna revista de moda o algún anuncio para quinceañeras). Además, el elenco de Kiva no acabó de ofrecer personajes tan carismáticos como los que nos han dado entregas anteriores.


Afortunadamente, al avanzar la série, se cumplía la máxima que antes mencionábamos, la trama se volvía cada vez más interesante, y los personajes más en su lugar. A medida que íbamos intuyendo el orígen de Kiva, gracias a la trama de 1986, y como todo lo ocurrido entonces empezaba a tener su repercusión en Wataru y sus amigos y romances (especialmente con la aparición del Rey de los Fangire), la série se ponía cada vez más interesante, uno ya acababa cada episodio con ganas de saber qué pasaría en el siguiente.

Pero… Hay un “PERO”.

Cuando muchos de los secretos fueron desvelados, y algunos giros de la trama nos dejaban boquiabiertos (y eso no es necesáriamente bueno), todo el clímax que se había creado se desinfló como un globo, y a partir de ese momento la série parecía avanzar a trompicones, procurando estirar la trama de forma forzada. Y cuando se esperaba que algunos episodios más acabaran redondeando la série, un final abrubpto, casi precipitado, despachaba la série con un par de episodios, y adiós muy buenas, nos vemos en Kamen Rider Decade.

Así que, en definitiva, Kamen Rider Kiva no será seguramente una de las séries favoritas de los fans de la saga, y esos inicios tambaleantes, así como su final descafeinado, pueden hacer que muchos se echen para atrás. Pero a pesar de todo, queremos insistir que, aún así, se le puede dar una oportunidad a la série, ya que todo lo de enmedio sí vale la pena. Además, la banda sonora está plagada de canciones que están muy por encima de la media habitual en Kamen Rider (y prácticamente todas cantadas por los protagonistas, que aunque no sean unos prodigios de la voz, tiene su mérito).

Y para aquellos que vayáis a echar de menos a Kiva, en el nuevo Kamen Rider Decade tendréis algunas sorpresas…