Vázquez El Grande

Saludos cosmonautas,

hoy vamos a publicar, finalmente, el que probablemente sea el post que más tiempo ha tardado desde su concepción hasta su publicación, pero lo cierto es que queríamos esperar al momento apropiado. A principios de mayo acudimos al Saló del Còmic de Barcelona, y ya os hablamos entonces de nuestras compras y de una exposición que unía cómic y música bastante interesante. Pero nos guardamos en la recámara un post sobre Manuel Vázquez, el mítico historietista que ahora vuelve a ser vigente por el estreno de su biopic en los cines, “El Gran Vázquez”.

Urías con el maestro.

Puede que algunos, especialmente los más jóvenes, no les suene de mucho el nombre, pero quizás sí conocen (o quizás no) a algunos de sus personajes como son las Hermanas Gilda, la familia Cebolleta (con su carismático abuelo), Anacleto el agente secreto, y otros. Todos ellos, iconos de la historieta en este país. Algunos pensaréis que no somos tan viejos como para acordarnos de cuando se publicaron originalmente la mayoría de estas historietas, y bien cierto es que por entonces ni siquiera habíamos nacido. Pero en los ochentas y principios de los noventas no era raro encontrarse aún publicaciones o reediciones de historietas como las de Vázquez, así como tampoco era raro que a un niño le gustase comprarse cómics antiguos, o de segunda mano.  Ahora parece que ese tipo de cómics son algo destinado casi exclusivamente al público adulto y nostálgico (“Clásicos del humor” – aunque ya se llamaban así antes), y es casi impensable que un chaval de 10 años sienta el más mínimo interés por ello. Pero afortunadamente para nosotros, crecimos leyendo y riendo con las historias de Vázquez y lo podemos contar.

Anacleto, Agente Secreto.

Las Hermanas Gilda, haz clic para ver más grande.

A veces parece que el único cómic que uno podía leer de pequeño (aparte de los americanos – ¿manga? ¿qué es esto?), eran las historias de Mortadelo y Filemón, o en todo caso, las de Zipi y Zape. Pero había otro autor, algo distinto, que fue capaz de parir una gran cantidad de personajes variopintos, desde esas hermanas histéricas hasta un bebé saltarín apodado “Gugú”, pasando por un agente secreto, un hombre que sólo sabía decir “Sí, señor” y otro que sólo sabía decir “Yes”, e incluso llegó a protagonizar él mismo sus historietas. Además, sus historias tenían un estilo muy particular. Su humor tenía un “no-sé-qué”, una ironía que quizás no tenían otros autores para el público infantil. Y buena prueba de ello es que acabó publicando historias mucho más personales y completamente dirigidas al público adulto en los años ochenta y noventa.

Ángel Síseñor, haz clic para ver más grande.

Feliciano, un personaje al que todo le sale siempre bien.

Nos acordamos que, siendo ya un poco más creciditos, y chafardeando en algún Saló del Cómic de hace unos 15 años, nos encontramos con un tomo que publicó Glénat llamado “Más gente peligrosa”, que recopilaba historias dirigidas a un público más adulto. Para nosotros fue todo un descubrimiento, ya que estábamos en una edad en que las historias “para críos” ya no iban con nosotros. Con ese espíritu arquélogo del #TLQM que siempre hemos tenido, empezamos a indagar un poco más y pudimos encontrar otras historietas del Vázquez para adultos, en los que ya se habla de folleteo y otras marrandas varias (posiblemente eran de la serie “by Vázquez”).

El autor se convierte en personaje. ¿O el personaje en autor?

Descubrimos así al Tío Vázquez, a ese personajillo algo regordete, con gafas, pelo rizado, un auténtico caradura, timador, moroso, que tenía el don de la palabra y el sablazo. Nos hablaba del fisco y sus cientos de acreedores (¡palabras que aprendimos de él!), pero también de sus ligoteos (mítico episodio el de la puritana), sus encuentros con los chorizos (¡genial!), y tantas otras historias que parecían completamente irreales. O al menos eso es lo que pensábamos entonces. A raíz de la película y de lo que se ha podido leer sobre Vázquez recientemente, nos hemos dado cuenta de que todo ello era mucho más real de lo que podíamos pensar entonces. Vázquez tenía que esconderse de verdad de sus acreedores, su editor le perseguía de verdad para que entregara las páginas, y el dinero y las mujeres eran para él cosas bastante volátiles.

Detalle de la exposición del Saló del Còmic 2010.

Releyendo ahora sus historias nos hemos dado cuenta de un par de cosas. Primero, que las que ya teníamos las habíamos leído decenas de veces (seguramente junto a un tazón de leche con Cola Cao y cereales), porque aún nos acordamos de muchas de ellas casi al detalle. Segundo, que aprendimos de Vázquez más de lo que uno puede pensar, ya sea vocabulario o sobre la vida misma, y de todos los personajes y personajillos que, por muy inverosímiles que sean, existen; el propio Vázquez es un ejemplo de ello.

Sí, es cierto que hoy en día, muchas de sus historias pueden parecer muy anticuadas (no todas), pero esto no significa que no se puedan disfrutar de forma similar. Y aunque parece que él mismo huía de interpretaciones psicológicas o sociológicas, por mucho que no tuviera intenciones de ningún tipo, ahí están sus historietas como testimonios de una época, de una sociedad, e incluso de uno o varios estilos de vida. Pero si empezar a leer ahora las Hermanas Gilda o a Anacleto no os motiva lo suficiente, os recomendaremos con los ojos cerrados “Lo peor de Vázquez”, que se acaba de publicar, y que consta de unas 600 páginas con las historias para “adultos crecidos” más comprometidas e inverosímiles de Vázquez El Grande.

Os dejamos con una entrevista al autor que encontramos en la web de Glénat, donde ya se puede ver el carácter y sentido del humor de este maestro de la historieta. Atención a la chorrada del “by”, ¿nadie sabía inglés entonces?. Y hay que decir que las entrevistas eran malas, malas, pero bueno, al menos entrevistaban a dibujantes de cómic 🙂

Ahora sólo nos queda poder descubrir un poco más sobre el personaje a partir de la película, que además tiene un aliciente extra para nosotros, ya que un buen amigo aparece en ella (dejándose hostiar en lugar de Santiago Segura).

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