Qué novelas gráficas ni qué hostias

Saludos cosmonautas,

parece que los miércoles tanto puede ser el día de los viajes como el día de las reflexiones, y hoy, a raíz de un comentario de la Comandante mientras hacíamos uso del transporte público que ha suscitado mis protestas airadas, toca hacer un post sobre reflexión, y lo que queremos discutir con vosotros es un término que en los últimos años se ha puesto muy de moda: las novelas gráficas.

Antes que nada queremos dejar claro que este no pretende ser un artículo académico, si no de opinión, y por lo tanto, se encontrarán más dosis de subjetividad que objetividad.

Para empezar la reflexión, vayamos a la siempre elocuente Wikipedia para ver como se define actualmente este término:

Una novela gráfica es una historieta que se caracteriza por los siguientes rasgos:

  • Una única historia, generalmente compleja y de mediana extensión.
  • Un único autor y más raramente un grupo de ellos.
  • Pretensiones artísticas.
  • Destinada a un público maduro o adulto.
  • Formato e impresión más lujosa que la revista de historietas.

Algunos teóricos lo consideran, sin embargo, indistinguible del tradicional álbum.

Cabe decir que el término tiene más años de historia de lo que se puede sospechar (y os recomendamos leer este minucioso artículo), pero aún así, y teniendo en cuenta que el lenguaje es siempre cambiante y maleable, nos queremos basar más en las ideas actuales sobre lo que es una novela gráfica (bien expresado, creemos, con la definición de la Wikipedia), y que también corresponde al pensamiento gafaspasta que ha invadido nuestro bastión comiquero (o tebeero si preferís). Pero vamos por partes.

Si observamos la definición anterior nos damos cuenta de una obviedad, y es que en la definición se está mezclando contenido y continente, una novela gráfica “es una historia para adultos” pero cuyo formato “es más lujoso” que los típicos cómics grapados y otras series habitualmente mensuales… y este es el primer error. ¿O no es un error? Algo está claro, los formatos de “lujo” no están al alcance de los más jóvenes, de los que dependen de la paga semanal para abastecerse de sus lecturas comiqueras. Y por lo tanto, si es un formato que principalmente van a comprar lectores adultos, no es de extrañar que las temáticas de estos formatos tiendan a ser historias para lectores más maduros. ¿Pero por qué decimos que esto es un error? Llegaremos a ello después. Pero antes vamos a centrarnos en estas dos palabras que, juntas, crean la polémica.

“Novela gráfica”, algo que principalmente nos sugiere “un libro con dibujitos”, o si tiramos más de la cuerda “una historia con principio y final que utiliza dibujos para ilustrar la misma”… podríamos sacarnos muchas más definiciones de la manga, pero lo que nosotros creemos que pretende es equiparar los cómics con la literatura. Otro error. Los cómics no son literatura, al menos tal y como la entendemos nosotros, ya que su concepción es diferente, es otra vía de expresión, casi tan diferente de la literatura como de la pintura… pero si alguien sigue creyendo que un cómic no es más que un libro con dibujitos para niños, bueno… lo sentimos por él, o no…

Tenemos entonces unas obras en una edición cara, que en teoría tienen temáticas adultas (aparte de otras características mucho más discutibles, como que sean historias únicas o de un único autor), y cuyo nombre parece un intento de asemejar los cómics a la literatura. Además, habría que sumarle ahora el cuarto punto incluído en la Wikipedia, y el que más tirria/risa nos provoca, que la novela gráfica es una obra “con pretensiones artísticas”. Nosotros, en un esfuerzo por encontrar una explicación al auge de este nuevo “formato”, o “género” o incluso esta “nueva forma de expresión”, hallamos una interpretación, clara y directa: el sentir vergüenza por el hecho de leer tebeos.

Y es que no nos engañemos, aún hoy en día, el cómic, el tebeo, el manga, se sigue viendo como un producto para niños. No es serio, no es nunca equiparable a lo “sofisticado” y “elevado” de leerse una novela. Por supuesto que este panorama ha mejorado en los últimos años, pero sigue estando siempre uno o dos pasos por detrás de otras formas de arte. Y amigos, eso no es bueno para la industria, y tampoco lo es para la reputación de aquellos gafaspasta que quieren seguir leyendo cómics sin que sus otros colegas les miren con desprecio, o para aquellos que, sin ser gafaspasta ni tener pretensiones algunas, se sienten minimizados cuando ven como su afición es criticada/burlada por otros e intentan justificar de mil maneras que lo suyo es diferente, que sus cómics son para mayores.

No todo tiene que ser malo, y menos para la industria. Esta etiqueta de “novela gráfica” ha ayudado mucho a que el cómic se expanda, llegando a un público que había abandonado los cómics hacía años, e incluso acercándolo a los que nunca lo habían probado. Y eso es bueno, sí que lo es. Pero el problema es que se hace sobre una base que parece difícil cambiar, es decir, estos “nuevos cómics” venden y llegan a más público porque no se venden como cómics, si no como algo diferente y, por supuesto, de “mayor nivel intelectual y artístico”, y también más caro, y por lo tanto exclusivo. ¿Pero por qué el cómic para adultos tiene que ser caro y exclusivo? ¿Por qué se pretende crear clases? ¿Hasta qué punto ayuda esto al mundo del cómic? Sin duda está ayudando al gafaspasta, a ese lector mas bien ocasional, que suele comprar manga de Jiro Taniguchi y cómic europeo o americano, tipo “Maus”, “Persépolis”, etc. , simplemente porque tiene premios que avalan su calidad. Leyendo este tipo de cómics no va a sentirse mal porque, al menos ahora, está de moda, hasta cierto punto, y es “aceptable” para el colectivo. “No son cómics, son novelas gráficas.”

Pero todo esto no está ayudando a ese tercer hombre, al que ha leído cómics toda su vida y que quiere seguir haciéndolo sin tener que avergonzarse de ello. Nosotros no lo hacemos, pero los hay que sí. Y todos esos que sí lo hacen, aquellos que no parecen estar del todo convencidos de la legitimidad de leer cómics a una edad adulta, contribuyen también a crear esa imagen de producto de segunda. Y sí, nos la trae floja, pero por favor, ayudemos a todos esos acomplejados. Dejémonos de términos editoriales que no hacen más que confundir al personal, da igual que sean tebeos o cómics, que los haya para mayores, para pequeños, o para bebés, nosotros sabemos por qué nos gustan, y eso es lo que importa. Podemos entender que se empleen terminologías para distinguir el tipo de contenidos, que se llamen “cómics para adultos”, que se creen cosas como el “gekiga”, pero no nos parece adecuado que se pretenda disfrazar al tebeo de novela gráfica, para intentar ocultar sus orígenes y derribar ciertos prejuicios. El #TLQM no entiende de edades ni de nomenclaturas.

¡Esperamos vuestras opiniones al respecto! Este puede ser un interesante debate.