Osamu Tezuka: una biografía en manga

Saludos, cosmonautas.

Hoy voy a marcarme un “mangaland“, y hablaros de uno de esos mangas que no se han publicado en nuestras tierras y que merece la pena conocer (al menos si tienes un mínimo interés por la historia del manga, y más concretamente su “Dios”). Yo no soy Marc Bernabé, y mi japonés está aún muy lejos de lo deseable, y aunque todos sabemos que hay formas de leer manga no publicado aquí, yo voy a hablaros de una obra que salió hace ya unos cuantos años en la vecina Francia: Osamu Tezuka Biographie.

Biografías de Osamu Tezuka hay muchas, empezando por las que él mismo hizo y las que le han dedicado otros autores. De la que os hablaré yo está un poco en medio, porque no es una autobiografía del propio Dios del Manga, pero fue realizada por Tezuka Productions, y por lo tanto tiene un carácter oficial (de hecho, aunque no salga en los créditos, podemos confirmar que la realizó Toshio Ban, ayudante de Tezuka). La edición en cuestión es de Casterman, editorial belga, y consta de cuatro tomos que recogen la vida del mangaka en cuatro épocas: 1928-1945 (infancia y primeros pinitos en el manga), 1946-1959 (su consagración como autor), 1960-1974 (su época anime y los primero seinen) y 1975-1989 (etapa final, con algunas de sus mejores obras). Por ahora solo he podido acceder a los dos primeros tomos, pero me han convencido para hacerme con los otros dos.

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El dibujo imita el estilo del propio Tezuka (aunque es evidente que no está a su nivel), y de hecho el narrador de la historia no es otro que Mostacho (Higeoyaji), uno de los “actores” habituales de los mangas del maestro (hace tiempo os hablé del “star system” de Tezuka). Lo que más sorprende es el nivel de detalle con el que se explica la historia, y que requiere un nivel de documentación del que probablemente solo la gente de Tezuka Productions es capaz. Las páginas del primer tomo están plagadas de dibujos del propio Tezuka de cuando era pequeño, incluso hay reproducciones de portadas de algunas de las revistas científicas que el joven Osamu hacía con sus amigos sobre el mundo de los insectos, y fotos que ni siquiera he encontrado por Internet. Se explica, entre otras muchas anécdotas, que en su primer día de colegio, contó una historia delante de toda la clase y los padres que habían acudido, que dejó a todo el mundo maravillado (historia que lleva una nota al pie explicando que una de esas madres se acordaba de la intervención de Tezuka muchos años después), también se hace un especial hincapié en la gran curiosidad científica que tenía de joven, de su pasión por la astronomía, y especialmente por la entomología. Y como no podía ser de otra forma, se explica también su pasión por el cine y el dibujo. Así como sus vivencias durante la II Guerra Mundial.

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Aquí se puede ver la “enciclopedia de insectos” que escribió el mismo Osamu Tezuka, que empezó a redactar al ver que en algunos libros faltaban algunos de los insectos que había cazado.

Cabe decir que la imagen que tenemos de Tezuka, al menos desde aquí, es esa del “Dios del Manga”, una especie de figura mítica perfecta que apareció de repente con un manga que lo cambió todo. Y no es que esta biografía haya ido a buscar los “trapos sucios” del maestro (al menos en los primeros tomos), pero lo cierto es que consigue humanizar su figura, y además te ayuda a entender porqué acabó convirtiéndose en alguien tan vital dentro de la historia del manga. Lo primero que llama la atención son sus capacidades artísticas e intelectuales, que surgen a muy temprana edad, y que si realmente es tal y como no los cuentan, estaríamos hablando de un niño superdotado. Su curiosidad por el mundo que le rodeaba era contagiosa, su imaginación podía sorprender a sus compañeros de aula, pero también a sus profesores, y las iniciativas que tenía no parecían propias de su edad. De hecho, sus primeras tiras cómicas se publicaron cuando tenía 17 años, y con 18 publicaba esa obra que lo iba a cambiar todo para siempre. Pero como decíamos, y como se nos muestra en el manga, todo ese talento viene apoyado por un entorno favorable. La de Tezuka era una familia bienestante, y hasta se podría decir “progre” (al menos para su época). Una madre que llevaba a su hijo a menudo al teatro de Takarazuka, donde el chaval quedaba fascinado por la escenografía y la fantasía de sus historias, un padre que era un gran aficionado al cine y que proyectaba para sus hijos películas de todo tipo, incluyendo las de Disney. A todo esto, mandaron a su hijo a una escuela que también tenía pinta de ser muy progre, con profesores que estaban encantados con las aptitudes del joven Osamu, incluyendo sus dibujos.

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Dibujo de Tezuka, colgando algunos de sus mangas en las letrinas de la fábrica de armamento en la que trabajó, a los 16 años, durante la II Guerra Mundial.

Por desgracia, la guerra cambió muchas de estas cosas, y ese colegio, que tanto favorecía el desarrollo del futuro mangaka, acabó en manos de militares que lo único que pretendían era formar a nuevos soldados. El padre de Osamu tuvo que marcharse al frente, y la madre tendría que ocuparse sola de sus tres hijos. Al mismo tiempo, Tezuka sufrió una infección de hongos, micosis, que le dejó durante un tiempo con los brazos totalmente inutilizables (entre otras cosas, no podía dibujar). Afortunadamente, se curó, y eso hizo que empezara a ver con muy buenos ojos la medicina (aunque ya le venía de familia, como se puede ver en “El árbol que da sombra”). Durante esa época, tuvo que trabajar en una fábrica de armamento, donde “frivolidades” como el manga no estaban muy bien vistas. Eso le llevó a “publicar” sus pequeños cómics de forma más discreta, pegándolos en las paredes de las letrinas de los barracones de la fábrica (con la mala suerte que alguno los utilizaría como papel de váter). A pesar del clima poco propicio para seguir desarrollando sus inquietudes, las semillas que se habían plantado a lo largo de los años seguían estando allí, y quizás lo que hizo la guerra fue darle al futuro artista nuevas fuentes de inspiración, así como un discurso antibelicista más que evidente en muchas de sus obras.

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En esta página se muestran algunas de las viñetas de obras de Tezuka que muestran los horrores de la II Guerra Mundial.

A pesar de todo, Tezuka quizás no se veía como un futuro mangaka, y por ello acabaría licenciado en Medicina, aunque nunca ejercería. Pero fue durante esa época que publicó “La nueva isla del tesoro”, que se aficionó por el teatro (interpretando, entre otras, “Crimen y castigo”), quiso dedicarse al rakugo (monólogos humorísticos), y se puso también a tocar el piano. ¿De dónde sacaba el tiempo? Lo que está claro es que el Dios del Manga era como uno de esos “hombres del Renacimiento”, versados en varias disciplinas. Y de todo ello se aprovechó en un momento u otro para sus mangas, e incluso, en algunos casos la cosa se retroalimentaba. Por ejemplo, de su afición por el teatro surgió lo del star sytem que mencionábamos antes, y en sentido contrario, aplicó en su grupo de teatro “técnicas manga” para aprenderse mejor el diálogo y la acción de una obra, convirtiendo las obras en mangas y así poder ver diálogo y acción al mismo tiempo (como unos storyboards, vamos).

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Algunos ilustres fans de Tezuka, como un tal Leiji Matsumoto, pensaban que había dos Tezukas distintos, porque el dibujo podía variar bastante de un manga a otro. ¿La razón? Las distintas técnicas de reproducción. Mostacho explica que en esa época existía una técnica de reproducción que se hacía a mano, y por lo tanto, el resultado final dependía de la pericia del “calcador”.

Como decía, una de las grandes virtudes de estos tomos es que realmente consigue llevarte dentro del mundo personal de Osamu Tezuka, y además relacionándolo muy bien con sus obras, de manera que uno puede comprender la relación que existe entre lo vivido por el mangaka y lo que luego llega al papel. Una de las formas que tienen estos tomos de enlazar esa historia personal con su obra es a través de algunas viñetas  de sus mangas, insertadas en momentos clave de su vida, de manera que podemos ver en qué momento o a partir de qué situación sacaba Tezuka la inspiración para sus historias. Así, por ejemplo, descubrimos que el personaje de Dororo se inspira en la multitud de huérfanos que durante la posguerra se podían encontrar por el barrio de Ueno, realidad que descubrió Tezuka paseando por la zona mientras buscaba la casa del mangaka Ken’nosuke Niizeki (autor de Kaba Daiôsama, “el rey hipopótamo”).

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El incansable Tezuka, trabajando encima de las mesas de la editorial.

Después de devorar estos dos tomos, estoy más que convencido de que terminaré por comprar los otros dos restantes. Confieso que al principio no lo tenía muy claro, al no ser una obra hecha por el propio Tezuka, pero se podría decir que hasta cierto punto tiene sus ventajas, ya que hay una serie de detalles que solo se pueden ver con la perspectiva del tiempo, o a través de una investigación que quizás no se dará en una autobiografía (incluso algunas de las que escribió Tezuka eran semi-biográficas). Por otro lado, el dibujo es algo que va mejorando notablemente, al menos del primer tomo al segundo. Probablemente estemos ante la biografía más minuciosa que se haya podido hacer del Dios del Manga, incluso más que la que se pueden encontrar en libros. Es por ello que el esfuerzo y la paciencia de leerlo en francés vale la pena (por cierto, también se ha publicado en italiano).

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