El día que dibujé a Shintaro Kago

Saludos, cosmonautas.

Tengo la sensación de haberme pasado los últimos meses hablando del mangaka Shintarô Kago por todas partes, y es posible que los que me siguen en Twitter o en Facebook les pase lo mismo. No deja de ser cierto de que he dado mucho la vara con su visita al XIX Saló del Manga de Barcelona, pero aunque cueste de creer, en la Arcadia, en mi propia casa, solo le he dedicado alguna mención en un par de posts, y unas fotos de nuestro encuentro en Japón. Si tenemos en cuenta que para mí es uno de los mejores autores de cómic que existen hoy en día, creo que es terrible que aún no se encuentre en el “Hall of Fame” de la Arcadia, gran templo del TLQM. Vamos a solucionarlo, inmediatamente.

No recuerdo el momento exacto en que tomé contacto por primera vez con la obra de Shintarô Kago, aunque es probable que fuese por culpa de Marc Bernabé. Lo que sí recuerdo perfectamente fue la curiosidad que despertó en mi la portada de Reproducción por mitosis y otras historias, el primer tomo de la obra de Kago que publicó EDT en Julio de 2012. Era una portada tremendamente extraña, y que por motivos obvios me trasladaba a un tipo de cómic muy alejado del manga al que estamos más acostumbrados. De hecho, la primera impresión de casi cualquier persona será pensar que se trata de un cómic chino, ya sea por el uniforme de estilo comunista del protagonista de la portada, como la estrella roja que flota encima de su cabeza. Pero más desconcertante es ese toro bien dotado y con una escoba metida en el culo, atado a un cohete que suelta planetas y estrellitas. En cualquier caso, la iconografía y estética de la propaganda comunista china siempre ha ejercido una extraña fascinación en mi, con lo cual estaba muy intrigado respecto a lo que iba a encontrar dentro. Y si la portada era extraña, el contenido lo era aún más.

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A estas alturas, casi todo el mundo sabe que a Shintarô Kago se le ha situado dentro del saco del ero-guro, género japonés que mezcla lo erótico y lo grotesco, el sexo con la violencia, los penes con las vísceras. De hecho, algunos le han coronado como el actual rey del género, aunque personalmente creo que su obra va mucho más allá de las coordenadas del ero-guro. La realidad es que en todas partes, cuando se hablo de él, la gente se dedica a comentar lo asqueroso, retorcido y enfermo que puede llegar a ser lo que dibuja o lo que explica. Eso es lo que llama la atención, eso es lo que domina en casi toda conversación que tenga que ver con Kago. Porque eso es lo más inmediato, lo primero que se ve cuando uno abre por primera vez las páginas de cualquiera de sus obras. Una vez, en un FNAC, le pasé el Reproducción por mitosis a Joan Tretze, y apenas tardó unos segundos en cerrarlo completamente asqueado (¿y asustado?). Esto es algo con lo que tendremos que vivir los fans de Kago, no todo el mundo tiene el estómago para la escatología y la casquería tan presente en sus historias, y eso hace muy difícil poder hacer proselitismo; pero uno sigue insistiendo. No me cansaré de decirlo, Shintarô Kago, como autor de cómic, va mucho más allá del sexo, las amputaciones y la mierda. Le gusta experimentar con la narrativa visual, jugar con el metalenguaje del cómic, sorprender al lector, desafiar sus prejuicios y concepciones respecto a lo que ocurre en las viñetas y entre las viñetas. Lo que hace Kago, merece ser estudiado en trabajos del estilo Entender el cómic de Scott McCloud.

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Después del shock que supuso su primer título publicado aquí, y casi sin tiempo para reaccionar, EDT publicó Novia ante la estación y otras historias, recopilando buena parte de la saga de “cosas ante la estación” que Kago ha ido realizando durante un tiempo. Los distintos episodios no tienen ningún relación argumental, pero todas ellas comparten una estructura parecida, en la que el autor escoge un elemento y lo va explotando de una manera que solo él puede hacer. Así pues, tenemos una historia que gira entorno a la idea de “cosas clavadas al suelo”, otra sobre cajones, tuberías, laberintos, y otras situaciones esperpénticas, casi siempre con sexo por medio. No, no es que Kago esté obsesionado con el sexo, simplemente su obra se ha desarrollado casi siempre en revistas que tratan temas como el sexo y la escatología, y por lo tanto, suelen ser elementos indispensables. Lo cierto es que cuando uno ha podido superar ya la cuestión de las pollas, los coños, la mierda o la sangre, uno puede empezar a darse cuenta de que Kago trata todos estos temas con un gran sentido del humor. Sí, a muchos les costará creer, pero es un cachondo. A diferencia de otros autores del ero-guro que convierten el sexo y la barbarie en algo incómodo, que quieren provocar auténtico miedo y asco en el lector, parece que Kago lo que quiere es hacerte reír con chistes de pollas y mierda, true story. El mejor ejemplo de este retorcido sentido del humor lo encontraremos claramente plasmado en los dôjinshi que él mismo publica y distribuye personalmente en algunas librerías. En estos pequeños panfletos, Kago se dedica a hacer chistes de una sola viñeta, ocurrencias e inventos extraños, o incluso referencias indirectas a temas de actualidad (como la radiación de Fukushima).

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Los fanzines, gachapones, postales y uno de los manga que me traje de Japón.

En el pasado Saló del Manga, Kago llevaba encima algunos de estos ejemplares autoeditados para vender, pero la primera vez que cayó uno de ellos en nuestras manos fue precisamente cuando le conocimos hace casi un año en Tokyo (os lo contamos brevemente en un post sobre las compras que hicimos en ese viaje). Ese fue nuestro primer contacto con el que se ha convertido en uno de nuestros autores de cómic favoritos (aunque disimulamos bastante bien nuestra emoción). Después de compartir una café y una tarta, Kago nos acompañó a Marc Bernabé y a mí hasta una pequeña librería de un centro comercial de Nakano, donde nos enseñó los dôjinshi que él mismo había llevado hasta allí, así como sus figuras estilo gachapon (cadáver de una mujer ahogada, niño muerto que la canguro ha puesto en el microondas…). Esta tarde hicimos un sencillo video en el que vemos como Kago nos dibuja a Marc y a mí unas de sus clásicas colegiales con la cabeza “ida”.

Justo después de este encuentro, en las tiendas aparecía otra obra de Kago, con una portada en la que aparecía con media cabeza seccionada. Fraction es posiblemente una de las obras más interesantes que ahora mismo se puede encontrar en nuestras librerías, y a la vez es una de las más distintas que se han publicado hasta ahora de Kago. La principal diferencia es que Fraction es una historia larga (solo se han añadido dos o tres historias cortas más), en la que veremos como una historia se va desarrollando poco a poco y de forma, a priori, más convencional. Es un thriller que gira entorno un asesino en serie que se dedica a partir en dos a sus víctimas, y que se complementa con las apariciones del propio Shintarô Kago, reflexionando sobre su obra y sobre la propia historia; metacómic en estado puro. No queremos entrar más a fondo en la historia, ni siquiera queremos hacer un análisis formal de la misma para no chafarle a nadie lo que ocurre, pero os podemos asegurar que aquellos que lo han leído se han visto gratamente sorprendidos. Es posiblemente la obra de Kago que mejor puede entrar para el público más aprensivo. Aquí la casquería se reduce solo a lo indispensable para contar la historia del asesino en serie, nada más. Así que, hasta ahora ha sido la obra que siempre he recomendado a todos aquellos que quieren introducirse en la obra de este autor, sin correr el riesgo de que salgan corriendo despavoridos.

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Un mes después de Fraction, la gente de EDT seguía con su ofensiva Kago, y nos ofrecía la primera parte del “Cuaderno de Masacres” (Cuaderno de Masacres, 13 crueles relatos del salvaje Edo), del que acaba de salir (o está a punto de hacerl0) su segunda parte: Cuaderno de Masacres, los extraños incidentes de Tengai. Siguiendo el estilo de historias cortas y basadas en un tema en concreto de Novia ante la estación, el autor nos lleva ahora hasta el Edo del período Tokugawa, para demostrarnos que su humor retorcido y su toque especial con el sexo y la escatología se puede trasladar también a la época de los samurais y las geishas. En este caso, las distintas historias están algo más relacionadas que en los anteriores trabjos aquí publicados, ya que se van repitiendo algunos de los personajes, pero en realidad no dejan de ser historias independientes. Por cierto, ¿sabíais que las máquinas de gachapones ya existían en Edo? Bueno, al menos así lo cree Kago.

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Kago en la master class del XIX Saló del Manga de Barcelona.

2013 ha sido el año Shintarô Kago en nuestro país, y la mejor forma de ponerle la guinda al pastel era traerle hasta el Saló del Manga de Barcelona. Durante cuatro días le tuvimos en el Saló haciendo una master class, firmando cada día en el stand de EDT, dando charlas para los fans, entrevistas con los medios, y además, haciendo fabulosas caricaturas para unos pocos afortunados (aunque pagando, ojo); como fan devoto, no podía pedir más que eso. Pero la verdad es que tuve un honor aún más grande, que fue acompañarle en una cena privada con Marc Bernabé en un restaurante de la Barceloneta, y compartir una paella, una fideuá y un arroz negro. Se habló de muchas cosas durante la velada, especialmente de los caganers que había comprado, pero una de las cosas que más me sorprendió, y que gustará a muchos de los lectores de la Arcadia, es saber que Shintarô Kago está muy al día en cuanto a Kamen Rider se refiere. No sé si realmente lo sigue, pero demostró conocer muy bien los Riders de la era Heisei. Con mi pésimo japonés le expliqué que mis favoritos eran Kamen Rider Kabuto y Kamen Rider Agito, y él sugirió lo divertido/extraño que era este nuevo Kamen Rider Gaim, basado en… frutas. En fin, la nota friki de la cena.

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Foto de familia de la cena en la Barceloneta.

Al día siguiente, agradecidos por su amabilidad (es decir, por no denunciarnos a mí y al fotógrafo que me acompañaba a todos lados por acoso), tuve la osadía de plantearme hacer una caricatura de Kago y regalársela. Teniendo en mente su interés por los caganers, tenía muy claro como iba a ser el dibujo. El nombre de la obra: El Kagoner.

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El “Kagoner”.

No os voy a mentir, minutos antes de dársela, estaba muerto de vergüenza. Puedo decir que estoy bastante acostumbrado a tratar con ciertas personalidades, y suelo mantener la compostura cuando conozco a alguna de esas personas cuyo trabajo admiro, pero no estoy tan acostumbrado a hacerles regalos, y menos que sean dibujos míos. Así que unos minutos después de su charla con los fans, me acerqué a él, y le entregué mi trabajo. Con los nervios no lo vi, pero una foto inmortalizó el momento en el que Shintarô Kago puso una amplia sonrisa en su cara, algo que no había podido ver en los cuatro días en los que estuvo en Barcelona.

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La sonrisa de Kago (y un servidor mirando para otro lado).

Si queréis saber más sobre Shintarô Kago y su paso por el Saló del Manga de Barcelona, podéis leer la entrevista y el artículo que le dedicamos en Zona Negativa. Una entrevista muy interesante que os ayudará a entender mejor a este único y especial artista. También podéis leer la columna que le dedicamos varios meses antes de su llegada.

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Todas las fotos de este post son de José Javier Román. Si queréis ver su estupenda galería de fotos sobre el Saló del Manga, clicad aquí.