Sólo puede quedar uno, las distopías juveniles: “La Larga Marcha”

Saludos cosmonautas,

sacamos hoy a colación un tema que dentro del mundo de la literatura juvenil cada vez está más en boga, y empieza a desterrar, por fin, a toda esa panda de vampiritas metrosexuales. Hablamos de las distopías.

Por si alguien no está familiarizado con el término, distopía es el antónimo de utopía, y a efectos prácticos sirve para describir historias que suelen transcurrir en un futuro relativamente cercano, en el que la sociedad dista mucho de ser ideal. Normalmente, hablamos de estados totalitarios, policiales o militares, de control de pensamiento, y tanto puede tratarse de una sociedad post-apocalíptica como de un futuro muy avanzado tecnológicamente. Ejemplos hay muchos, y muy famosos: “1984” de George Orwell, “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury, “La naranja mecánica” de Anthony Burgess o incluso “Akira” de Katsuhiro Otomo.

Una de las más recientes distopías es la trilogía de “Los juegos del hambre” (The hunger games) de Suzanne Collins, que aunque se ha enmarcado dentro del mundillo de la “literatura juvenil”, ha sido un éxito tanto entre adolescentes como adultos, y dentro de poco estrenará su versión cinematográfica. Nuestra reciente lectura del primer libro, que devoramos en apenas 4 días, es una perfecta excusa para hablaros de tres distopías literarias muy famosas, que tienen un hecho en común. Las tres tienen como eje central una competición a muerte entre jóvenes, y la premisa siempre es la misma: sólo puede quedar uno.

Ya que la envergadura del post es considerable, lo hemos dividido en tres partes, que responden a tres obras distintas: “La larga marcha”, “Battle Royale”, y “Los juegos del hambre”.

LA LARGA MARCHA (The Long Walk) de Stephen King (1979)

Empezaremos de forma cronológica, y con todo un clásico. Antes de escribir “Carrie”, Stephen King, siendo aún un estudiante, escribió “La larga marcha” (The long walk). Era su primera novela, pero no se publicó hasta años después y bajo su famoso seudónimo Richard Bachman.

“La larga marcha” es una salvaje competición organizada por el Comandante (nada que ver con nuestra Comandante), en la que 100 chavales menores de edad inician una marcha a través del estado de Maine. Los competidores no pueden bajar nunca de los 6,5 Kms por hora, en caso de hacerlo reciben un aviso, y pueden acumular hasta tres avisos. No hay un cuarto, directamente les disparan hasta matarlos. La marcha sigue y sigue hasta que sólo queda un competidor en pie, al cual se le concederá el deseo que pida. Todo ello se retransmite por televisión, y es uno de los eventos más importantes del país, que millones de personas siguen con enfermiza devoción, esperando ver como mueren uno tras otro los participantes.

La premisa es así de sencilla, no hay más artificios, y la acción se centra exclusivamente en esta Larga Marcha. King no se molesta en hacernos una introducción, en situarnos en un contexto, o hacer una presentación de cada personaje. A las pocas páginas, la carrera ha empezado, y todo lo que tengamos que saber se aprenderá sobre la marcha (tutupish). De las tres obras que estamos hablando, “La Larga Marcha” es la que menos esfuerzos hace por explicarnos ese mundo distópico. Casi todo acaba pasando en la mente del lector, ya que el autor sólo le da pequeñas dosis de información, casi siempre en los diálogos de los personajes, que sí conocen la naturaleza de su mundo (pero el lector ignora y debe ir encajando). Hay más preguntas que respuestas: ¿quién es el Comandante? ¿es el mandamás del país? ¿es sólo un militar carismático? ¿por qué se permite algo como la Larga Marcha? ¿qué sacan de provecho con ello? Lo que tenemos claro es que EEUU que no es un país libre, ya que existen escuadrones que se dedican a hacer desaparecer a gente inconforme con la Larga Marcha u otras cuestiones.

Esto último es lo que le pasó al padre del protagonista de la novela, Ray Garraty, un joven de 16 años, que al ser de Maine (como King) se convierte en el “corredor local”, y por lo tanto, en uno de los más populares entre el público que vive en directo la Larga Marcha. De la misma forma que pasa con estos Estados Unidos distópicos, el autor nos dará información en cuentagotas sobre el protagonista o la de aquellas que se acaban convirtiendo en amigos (o enemigos). Aunque poco a poco les iremos conociendo, sus motivaciones nunca están claras del todo. ¿Por qué se han presentado voluntarios a una competición a vida o muerte donde las posibilidades de ganar son 1 entre 100? Una vez más, hay más preguntas que respuestas, pero la intención de Stephen King, como experto en terror, no es hablarnos de un mundo distinto al nuestro, la distopía es sólo una herramienta que le permite crear una situación a través de la cual puede explorar el terror a la muerte; el auténtico tema de la novela. Lo puede hacer a través de los pensamientos de Garraty, pero también a través de los diálogos que ayudan al protagonista a conocer mejor a sus compañeros de carrera, cuya relación irá cambiando con cada zancada, al igual que su estado físico y mental (que a menudo termina en locura). Aquí cualquier problema se magnifica. ¿Una piedra en el zapato? ¿Un pequeño resfriado? ¿Unos zapatos gastados? A la larga, cualquier contratiempo puede darte el pasaporte.

Debemos confesar que al principio de la novela esperábamos que la historia acabaría teniendo algunos giros argumentales, que veríamos las cosas desde otras perspectivas, pero no es así. Todo la novela se enmarca dentro de la Larga Marcha, y aunque parezca difícil aguantar una idea tan simple y monótona como un grupo de chavales andando a 6,5 km por hora, Stephen King lo consigue. La novela puede ser muy angustiosa y excitante a la vez, e incluso hay momentos para las risas, el compañerismo, o la crueldad más perversa del ser humano. En definitiva, todo un tour de force mental, físico y literario.

Por ahora no existe película de “La larga marcha”, aunque existen las intenciones desde hace años. Frank Darabont, conocido sobretodo por The Walking Dead, tiene los derechos para hacer la película, y antes ya ha adaptado otras novelas de Stephen King como “The Shawshank redemption” (Cadena perpetua) y “The Green Mile” (La milla verde).

Haz clic en los links para poder ver los otros posts sobre distopías juveniles:

“Battle Royale” de Kinji Fukasaku

“Los Juegos del Hambre” de Suzanne Collins