Metal y Global Metal: ¿los documentales definitivos?

Saludos cosmonautas,

Sam Dunn es un nombre que a varios metalheads les debe sonar a estas alturas, o debería sonarle a cualquiera que tengo un mínimo interés por la historia del Metal, y más concretamente, por la cultura del Metal como fenómeno social. Estando ahora al frente de una productora especializada en hacer vídeos de conciertos, su nombre saltó a la palestra en 2005 con “Metal: A headbanger’s journey”, un documental que pretendía dar una respuesta antropológica al fenómeno del Metal, un género tan amado y a la vez tan odiado. Gracias al éxito cosechado, poco después llegaría una especie de segunda parte llamada “Global Metal”, en la que Dunn se patea casi todo el globo (Brasil, Japón, Dubai, Indonesia…) para entender las particularidades del Metal en cada país (con un resultado incluso superior a “Metal”).

METAL: A Headbanger’s Journey (2005)

El primero de los documentales empieza con la historia del propio Sam Dunn, un antropólogo con una gran pasión por el Metal en todas sus formas, desde Iron Maiden hasta Mayhem. Algo frustrado por el desprecio y la incomprensión que la mayor parte de la sociedad demuestra hacia esta música, se embarca en un viaje para comprender, no sólo sus orígenes musicales y los distintos estilos, sino también las raíces culturales del Metal como fenómeno social y antropológico. Un viaje para el conocimiento, que le servirá, en parte, para replicar muchas de esas críticas, tan duras en tierras americanas.

La primera parte de “Metal” es seguramente uno de los mejores repasos que hemos podido ver a nivel audiovisual de los orígenes del Metal, y nos lleva a las mismísimas raíces del estilo, e incluso más allá. Todo esto se realiza con la ayuda de músicos de la talla de Tony Iommi, Dio, Rob Zombie, Alice Cooper e incluso Slipknot, que sirven ellos mismos de ejemplo para explicar porqué el Metal es como es. Una de las teorías más interesantes, pero a la vez más discutibles, es la del origen (innegablemente) obrero del Metal, que refleja la depresión y la frustración de una clase baja, principalmente inglesa, pero también la criminalidad, los abusos y las familias desestructuradas, en su lado más “americano”. La nota interesante/graciosa es ver que, muchas de estas familias obreras, vivían del sector de la metalurgia. ¿Pero es condición indispensable este trasfondo para ponerse a tocar Metal?

Otro de los puntos interesantes de la primera mitad es la descripción que se hace del Metal, llegando a unas conclusiones que, si bien eran fácilmente aplicables en las bandas de Heavy Metal de los 70, ya no lo fueron en los 80 (¿todos los cantantes de Metal cantan agudo?). Pero afortunadamente, Sam Dunn no se encasilla, y dedica su tiempo a hablar de otros estilos alejados del cliché, como puede ser el Black Metal (incluyendo viaje a Noruega), o hablando de la controversia del Death Metal (con las portadas y canciones censuradas de Cannibal Corpse).

Gaahl de los noruegos Gorgoroth, en uno de los momentos más hilarantes del documental.

La segunda mitad del documental es donde se llega más a las entrañas del Metal, pero es también quizás donde se deja aflorar más el romanticismo fan, perdiendo un poco la rigurosidad que se prometía al principio. Allí se habla de los fans, y se intenta explicar la razón de su atracción por una música, que a la mayoría les acompañará toda la vida, e incluso marcará su forma de vivir y entender el mundo (algo que otros estilos musicales, más pasajeros, ni llegan ni pretenden conseguir). Allí también llega el momento de tocar algunos de los aspectos más controvertidos, la influencia que el Metal tienen en sus fans, o mejor dicho, “la terrible y peligrosa influencia que ejerce esta música del demonio”. Se tratan aquí las cuestiones de la censura, la religión (sobretodo el satanismo o el anticristianismo), pero también hay tiempo para hablar de la sexualidad (especialmente centrándose en el fenómeno del Glam Metal – con algunas interesantes observaciones).

Después de haberlo visto al menos en tres ocasiones, seguimos quedándonos con las ganas de más. Más profundidad en algunos temas, más aspectos a tratar (¿la industria qué papel juega en todo esto? ¿y la prensa?), pero también más duración. Al final, la sensación que deja es que el fan ha podido más que el antropólogo. Pero al mismo tiempo, preferimos que esta explicación del fenómeno llegue de manos de alguien que lo entiende y lo vive, y que tenga cierta capacidad para analizarlo, que no del típico investigador “objetivo”, que difícilmente será capaz de poner las cosas en su adecuada perspectiva. En definitiva, “Metal: A headbanger’s journey” es por ahora una de las mejores aproximaciones a la explicación del Metal y todo lo que le rodea, hecho con cariño, y al mismo tiempo rigor, y que quizás con algo más de metraje habría podido llegar mucho más lejos (pero quizás no sería tan comercial).

GLOBAL METAL (2008)

Y la respuesta a nuestras peticiones llegó tres años después con “Global Metal”, que si bien no es una segunda parte estricta, sí ofrece una visión del Metal mucho más rica, con todos los matices que las distintas culturas que han abrazado el estilo han aportado.

Es innegable que el Metal es un producto originado entre los intercambios musicales de Inglaterra y Estados Unidos, pero ya en los años 80 la globalización del Metal se hizo patente con bandas como Sepultura, y actualmente está luchando por hacerse un hueco en culturas tan dispares como la china, la india, e incluso la iraní. A estos, y otros países, es donde Sam Dunn viajará para conseguir esa visión multicultural del fenómeno del Metal, intentando encontrar qué han aportado los distintos países al Metal, pero también descubriendo como este producto encaja en su cultura.

Como parece lógico, el documental empieza con Brasil, para hablar de Sepultura, seguramente la banda de Metal, no americana/inglesa, más famosa e importante de la historia. Dunn busca en prácticamente cada país cual fue el punto de inflexión, el momento en que el Metal entró con fuerza en cada país, y en Brasil fue el festival Rock in Rio, toda una institución en los 80 (ahora completamente desvirtuada). Aquí destaca sobretodo la aportación de Max Cavalera, con interesantes reflexiones sobre lo universal de la música de Sepultura.

El viaje nos lleva después hasta Japón, donde se nos hace la interesante reflexión de la convivencia de dos escenas que prácticamente se ignoran la una a la otra: la escena del Visual Kei (formado exclusivamente por bandas japonesas) y la del Metal, digamos, occidental (donde dominan las bandas extranjeras, pero también hay lugar para las niponas que tocan con “estilo occidental”). Aquí entrarán en escena Marty Friedman, una de las mejores personas para hablar de ambos mundos, pero también Yoshiki (de X Japan) y uno de los integrantes de Sigh, que con una simple frase lo dice todo: “el Metal es cool, y el Visual Kei no lo es”.

Después llega el turno de los dos grandes países emergentes del momento, China e India. Aunque son obvias las diferencias culturales entre Japón y occidente, es cierto que llevan muchos años bajo la influencia de la cultura americana, y por lo tanto, que el Metal tenga una muy buena salud no es nada extraño. Pero China e India ya son otra historia. La barrera cultural es mayor, sobretodo por el control que ejerce el gobierno chino en cuanto a las influencias externas, y por el peso de la tradición en la India (donde además tienen Bollywood, que no sólo gana en el cine, sino también en el apartado musical). Aún así, hay fans devotos que luchan contra los prejuicios de su sociedad (donde la incomprensión es mucho más acusada). Lo que más destaca de estos países es que, a diferencia de Brasil y Japón, en el momento de hacer el documental aún no habían podido ver a ningún gran grupo de Metal actuando en su país (lo que acostumbra a ser el punto de inflexión para el inicio de un boom musical).

Y si en China o en la India tienen problemas con la censura, Irán ya llega a ser incluso peligroso. De hecho, el equipo de grabación no obtuvo los visados para entrar al país, así que tuvieron que encontrarse con algunos de los fans del Oriente medio en Dubai, durante la celebración del Desert Rock Festival (el único festival de Metal que se celebra en los países árabes). Allí nos contaran como se les puede llegar a detener por llevar el pelo largo, y camisetas de grupos de Metal, ya que se les puede acusar de “adorar al demonio”. Algo parecido pasa en Indonesia, aunque con algunas diferencias significativas (allí sí han actuado muchos grupos de Metal, y algunos no ven contradicción alguna entre su fe musulmana y escuchar música Metal). Finalmente, Sam Dunn se fue a uno de los puntos calientes del globo, Jerusalén, para comprobar como la música puede ayudar, o no, en estos eternos conflictos.

Desde las “primaveras árabes” se ha hablado bastante en los medios generalistas del papel que el Metal está jugando en países como Irán, y Sam Dunn tiene el mérito de haber expuesto, queriendo o no, este poder que puede llegar a ejercer la música en la sociedad (un poder que seguramente ya no tiene en las sociedades occidentales). Pero no es este el único mérito de “Global Metal”, y es que su autor ha conseguido mostrarnos, de una forma mucho menos subjetiva que su predecesor, como se vive el Metal en el mundo globalizado del s.XXI, llevando el documental hacia un terreno que va mucho más allá del “típico documental sobre música que sólo gusta a los fans”. Y es que estamos convencidos que “Global Metal” pueden ser un producto interesante tanto para el aficionado (a quien le encantará ver a Lars Ulrich, Max Cavalera, Kerry King, o Bruce Dickinson)  como para el neófito (que no tiene ni idea de quienes son esta gente, pero puede interesarle este fenómeno de la globalización).

Ambos documentales se pueden conseguir tanto por separado como en un pack conjunto. Si bien “Global Metal” es escaso en cuanto a extras, “Metal” tiene cosas tan suculentas como un pequeño reportaje sobre el Black Metal, versiones extendidas de las entrevistas, y escenas eliminadas. Todo ello, material indispensable para cualquiera con un mínimo interés por el Metal en todas sus formas.

PD: Por cierto, aquellos que odian a Lars Ulrich por el “caso Napster”, podrán regodearse cuando el batería de Metallica se retracte de lo que hicieron en “Global Metal”.