El Gran Dalmuti, jugando con las clases sociales

Saludos cosmonautas,

hace poco más de 15 años vivimos en nuestras propias carnes el boom de los llamados “juegos de cartas coleccionables“, básicamente fue la aparición de “Magic: The Gathering” lo que inició una gran moda dentro de los círculos de los juegos de rol, pero que se extendió mucho más allá, y durante un buen número de años no era nada raro ver a chavales jugando a “Magic” (nadie decía “The gathering”) en los institutos o en las universidad. En realidad, aprovechando ese boom, aparecieron un montón de juegos de cartas de todo tipo, era una auténtica fiebre, y así de memoria podemos citar los juegos de cartas de “Vampire: The Masquerade”, “On the edge”, “Spellfire” (de Dungeons & Dragons), “Star Trek: The Next Generation”, “El Señor de los Anillos”, e incluso la mítica marca Fournier se sacó de la manga “La Ira del Dragón”, con cartas ilustradas por Luís Royo, entre otros artistas. La inmensa mayoría de estos juegos no tuvieron éxito alguno y desaparecieron rápidamente del mercado. A día de hoy está claro que ha sido “Magic” el que ha ganado esa batalla y sigue siendo un juego popular y conocido por todos.

Pero fue también durante esa época cuando apareció un juego distinto, un juego que no era “coleccionable”, si no que consistía en un solo mazo. Llegaba de las manos del mismísimo Richard Garfield, el gurú de los juegos de cartas de Wizards of the Coast, los creadores de “Magic”. El juego se llamaba “The Great Dalmuti” (o “El Gran Dalmuti”). Su sencillez, ya que no contaba con maná, ni cartas con poderes mágicos, ni puntos de ataque o defensa, etc., sumado a que entonces solo se publicó en inglés, seguramente hizo que pasara algo desapercibido. Pero por ese entonces (os hablamos de 1995), Urías andaba bastante obsesionado con los juegos de cartas coleccionables, y se compraba prácticamente cualquier novedad que apareciera en el mercado (lógicamente, no todo el mundo hacía lo mismo, y tuvo que comerse los mocos con la mayoría de las barajas).

Esta es la versión en castellano que sacó Devir hace un par de años. Pero en 1995 ya se podía conseguir la versión en inglés, la que nosotros compramos y con la que empezamos a jugar (y que algún desalmado acabó quedándose).

Lo que descubrió con el Gran Dalmuti fue un juego cerrado, con una baraja de 80 cartas que representaban distintas profesiones o estamentos sociales de la Edad Media y que básicamente consistía en intentar ser el primero en deshacerse de todas las cartas para convertirse en Gran Dalmuti para la siguiente partida. En la baraja nos encontraremos cartas con los números del 1 al 12, y aparte dos bufones (los jokers). La numeración de la carta también nos dirá el número total de cartas iguales que hay en la baraja, es decir, si la carta de los Campesinos es la 12, eso significa que hay 12 cartas iguales, y si el Arzobispo es el número 2, entonces solo encontraremos dos Arzobispos.

El Gran Dalmuti, la carta más cobejada y única en su especie, pero debes jugarla bien…

Con el ejemplo quizás os habréis dado cuenta de que las cartas de mayor valor (es decir, los números bajos) son las que representan las clases sociales más altas, y al mismo tiempo las más escasas. Tenemos un montón de campesinos, cocineras, albañiles o picapedreros, pero hay muy pocos sheriffs, arzobispos, baronesas, y sólo hay un Gran Dalmuti. Básicamente, y como decíamos al principio, esto viene a reflejar las distintas clases sociales, algo que podría ser simplemente anecdótico en el juego, pero no lo es, y es que una de las grandes bazas de El Gran Dalmuti es que requiere cierta dosis de juego de rol. Al empezar una partida, sacando cartas al azar, se van a decidir las distintas posiciones en la mesa, que además otorgarán a cada uno un papel. Así el más afortunado será el Gran Dalmuti, el siguiente el Pequeño Dalmuti, después tendremos los comerciantes, y en los escalafones más bajos, al Pequeño Peón y al Gran Comemierda Gran Peón. Este último será el encargado de barajar y repartir las cartas, y también el que tendrá que limpiar la mesa cada vez que ha terminado una ronda. Además, una vez ha repartido, a modo de impuestos, tendrá que entregarle al Gran Dalmuti sus dos mejores cartas, mientras que él a cambio le dará las dos que quiera. Lo mismo pasa con el Pequeño Dalmuti y el Pequeño Peón (pero en este caso con solo una carta).

Aquí tenemos las clases modestas del juego, normalmente no te gustará tener muchas de estas, aunque tu posición social puede ayudar…

Como podéis ver, si normalmente los juegos de cartas se juegan en igualdad de condiciones, en este caso no es así, y os vamos a citar una de las frases de las instrucciones del juego que reflejan muy bien el espíritu de este juego:

“Puede que tras el reparto algunos jugadores tengan más cartas que otros. Esto es perfectamente normal. Al fin y al cabo, la vida es injusta.”

Esto acaba convirtiendo el juego en toda una lucha de clases sociales, y una carrera para escalar posiciones. Todo el mundo quiere llegar a ser el Gran Dalmuti, y éste, tiene que hacer lo posible para mantenerse. Como hemos visto, y como en la vida misma, para los más poderosos es más fácil mantenerse arriba del todo, y para los más pobres, salir del agujero es complicado. Pero también es cierto que, cuanto más arriba, más dura es la caída. A todo esto, las instrucciones del juego nos dan consejos para hacer que la partida sea mucho más divertida. Sugieren que cada uno se comporte en función de su rango; con los comerciantes haciendo la pelota a los Dalmuti, con los pobres siendo serviciales o desafiantes, y los Dalmuti comportándose como auténticos déspotas o gobernantes magnánimos. También se pueden reflejar con los asientos las distintas categorías, dejando que el Gran Dalmuti se siente en la mejor silla y el Gran Peón en la peor, incluso llegan a sugerir que juege sentado en el suelo, encima de una maleta o de pie.

Las cartas más poderosas, pero también las más escasas.

En la última partida que jugamos en la Arcadia, un servidor, El Capitán, acabó como Gran Peón sentado encima de una caja de herramientas, mientras los Dalmuti estaban en cómodas y blandas sillas (¡inadmisible!). Además, también acordamos que el Gran Peón eenía que obedecer las órdenes de los Dalmuti, y entre otras cosas, podía pasarse el rato sirviendo bebidas o tenía prohibido abrir la boca. Pero hay que ir con cuidado con la forma en que uno trata al pueblo bajo, ya que nunca se sabe cuando pueden cambiar las tornas, y es posible que alguien tenga ganas de venganza (en nuestra partida, el Dalmuti que decidió poner la caja de herramientas, acabó sentado en ella al siguiente turno, ¡ZAS!).

Aunque el tipo de baraja y algunas reglas son lógicamente una invención del creador de “Magic”, lo cierto es que la mecánica del juego no se ha creado desde cero. El propio Richard Garfield nos cuenta como le enseñaron a jugar al Dalmuti en la universidad, descubriendo después que existía en varios sitios y con distintos nombres: “Hombre Rico, Hombre Pobre” en Alaska, “Escoria” en Utah o “Los campesinos” en Japón. Indagando un poco más descubrió dos posibles ancestros, un juego chino llamado “Zheng Shang You” u otro japonés llamado “Dai Hin Min” (Garfield sugiere que “Dai Hin Min” podría ser el origen de la palabra “Dalmuti”).

Es posible que nuestras explicaciones den la impresión de que jugar “The Great Dalmuti” puede ser algo complicado, pero en verdad la mecánica del juego se coge en seguida, y las reglas son harto sencillas (descartar cuantas más cartas sea posible y ser el primero en quedarse sin). En la primera ronda fácilmente habremos aprendido a jugar, pero eso no significa que no haya una buena dosis de estrategia y aprendizaje en este juego,  ya que habrá que estar atento a las cartas que van saliendo, saber cuando tirar cartas altas y cartas bajas, etc. Además, todo ese juego de rol con el que se adornan las partidas hace que sea muy divertido y a la vez adictivo (os puedo asegurar que Marx  y Maquiavelo tenían mucha razón con lo de la lucha de clases). Os podemos asegurar que si empezáis a jugar pueden pasar dos o tres horas sin que os enteréis. ¡Advertidos estáis!

PD: Si no encuentras “El Gran Dalmuti” en ninguna tienda, no te preocupes, puedes coger tres barajas de cualquier juego de cartas y montarte tu propia baraja de El Gran Dalmuti (instrucciones, sugerencias y más información al respecto clicando aquí).