Ruta por Canadá: Wells Gray, en las montañas Cariboo

Saludos cosmonautas,

seguimos con nuestro repaso al reciente viaje a Canadá, a la vez que construimos una pequeña guía para aquellos que estén pensando visitar el país un día de estos. En el post anterior os describimos algunas de las etapas de más kilómetros, por la espectacular Ruta 99. Ahora es momento de quitar el pie del acelerador y relajarse un poco en uno de los últimos parques naturales que se encuentran antes de llegar a Jasper: Wells Gray Provincial Park.

Pero antes de llegar hasta allí, aún nos quedaban algunos kilómetros. Habiendo dejado ya la ruta 99, era momento de coger la 97 desde Cache Creek hasta llegar a Kamloops, seguramente el núcleo urbano más grande que veríamos desde Vancouver hasta Calgary. Aún así, no hicimos para alguna y proseguimos nuestro camino hasta Clearwater (cogiendo en Kamloops la ruta 5, que llegaría luego hasta Jasper). A lo largo de la ruta 5, hicimos un par de paradas. La primera, capricho de un servidor, fue en una tienda de antigüedades de carretera (se pueden encontrar varias por la zona). La tienda era bastante grande y se podía encontrar un poco de todo, pero lo que más nos llamó la atención fue un cajón lleno de pequeñas novelas de cowboys por un sólo dólar canadiense.

En esa misma tienda preguntamos por el restaurante más próximo, que lógicamente iba a ser el típico restaurante de carretera, con el típico menú de siempre, y la típica parroquia de viejos, mujeres y algunos personajes pintorescos. Allí tuvimos la oportunidad de probar uno de los platos típicos canadienses: poutine. Que nadie se espere un plato de alta cocina, ni siquiera un plato que requiera cierta elaboración. El poutine básicamente son patatas fritas, queso cheddar y gravy (una salsa de color marrón típica inglesa – como la HP – que nos encanta). No entusiasmó al grupo, pero para nosotros no estaba tan mal (y había que probar uno de los pocos platos típicos canadienses, ¿no?)

No, el aspecto del “poutine” tampoco es que sea de lo más atractivo.

Pocas horas después llegamos hasta Clearwater, donde hicimos acopio de nuevas provisiones en un pequeño supermercado que había en la gasolinera del pueblo (recordad el consejo del anterior post). Y ya estábamos listos para adentrarnos en el Wells Gray Provincial Park. En Canadá los parques se dividen entre los nacionales y los provinciales, los primeros siendo gestionados directamente por el Estado, más famosos, y por lo tanto, también más poblados. Los parques provinciales son gestionados, como indica su nombre, por la propia provincia, teóricamente más modestos y con menos servicios, pero afortunadamente menos poblados.

Al entrar en el parque siguiendo la única carretera que hay (y que llega sólo hasta la mitad del parque – luego, a pie), nos sorprendió ver que había muchas viviendas al lado de la carretera, muchas de las cuales se habían reconvertido en Bed & Breakfasts, Lodges y demás. Eso podía hacer pensar que el parque estaría lleno de gente, pero a medida que se avanza por la carretera, se va dejando atrás la civilización, y varios kilómetros después encontramos el Pyramid Campground.

La peculiaridad de este camping es que los únicos servicios que ofrecía eran una fosa séptica para las necesidades y un bomba para sacar agua potable (aunque alguien dejó una nota recomendando hervirla tres minutos – ¿alguien que tuvo que pasarse varias horas en la fosa después de probarla?). Para no tener, el sitio de acampada no tenía siquiera recepción. La entrada era libre, pero no la estancia. Allí descubrimos un sistema de pago que es relativamente habitual en las zonas de acampada más remotas: el autoregistro. Cuando uno llega a uno de estos campings, tiene que buscar una plaza libre y aparcar. Entonces deberá coger unos sobres, apuntar sus datos, poner el dinero dentro (Pyramid costaba 16$), meterlo en un buzón, y poner el resguardo en un poste delante de tu plaza. De vez en cuando llegará el vigilante que comprobará que hayas pagado, o si acabas de llegar podrás pagarle directamente. Todo esto puede sonar muy complicado, y la falta de servicios muy incómoda, pero creemos que es el pequeño precio que hay que pagar para estar en un camping tan solitario y bonito como este.

Las plazas estaban delimitadas por árboles, así que apenas veías a tus vecinos (¡casi como estar solo!).

El día que llegamos poca cosa pudimos hacer ya que nos recibió una repentina tormenta con granizo incluido. Dimos un paseo alrededor del camping, donde empezamos a darnos cuenta de lo tupidos que son los bosques canadienses, y que tienen agua por todas partes. Pocas horas después nos pusimos a dormir siendo conscientes de que estábamos románticamente aislados en un precioso paraje natural; por la mañana, nos despertaría una ardilla que andaba encima de la caravana.

En Wells Gray hay muchas excursiones que hacer, y parece que muchas de ellas de cierta dificultad y duración. Nosotros teníamos que seguir con nuestra ruta, así que sólo íbamos a pasar una noche en el parque, pero si volviésemos a hacer el viaje, procuraríamos pasar un día más por la zona. Aún así, aprovechamos para visitar uno de los parajes que más impresión nos causó en todo el viaje. Cosmonautas, les presento las Hemlecken Falls:

Las Hemlecken Falls, “breathtaking” como dicen en inglés.

Es posible que no se pueda apreciar en la foto lo descomunal de esta catarata. Pero os podemos asegurar que era un agujero enorme, y que las aguas bajaban con una furia colosal. Al parecer, este peculiar paisaje se debe principalmente a que estábamos pisando tierras volcánicas. La verdad es que la vista justificaba el desvío que habíamos tomado de nuestra ruta hacia Jasper.

Otra pequeña excursión que se puede hacer, si se va con cierta prisa, es una granja abandonada, llamada Ray Farm. Ray y su esposa se establecieron en la zona a principios del s. XX y rápidamente se ganaron el respeto de la tribu de nativos americanos de la zona porque Ray les ayudó a erradicar algún tipo de peste que la tribu estaba sufriendo. La granja actualmente está medio derruida, y no hay intención de rehabilitarla, ya que quieren que desaparezca de forma natural. Lo que parece que puede durar más tiempo es la tumba del matrimonio, a pocos metros de la casa.

Como podéis ver, escogieron un sitio precioso para construir la granja, y tuvimos la suerte de disfrutarlo totalmente en solitario. Además, puede ser un buen sitio para avistar animales (con paciencia).

Después de estas fabulosas vistas nos despedimos de Wells Gray y cogimos de nuevo la ruta 5 destino a Jasper. Pero aún nos quedaba una fantástica aventura antes de llegar, ¡osos! Os lo contaremos en el próximo post.

EL CONSEJO DEL CASTOR:  Infórmate de los campings

Las rutas que van hacia las rocosas están llenas de campings para caravanas, los hay “públicos” y privados. Los primeros tienen unos precios y servicios estándar (son altamente recomendables), y los segundos pueden ser más caros o más baratos. Siempre es bueno informarse antes de las posibilidades que hay a través de Internet o con los folletos que se ofrecen en puntos de información. Es importante saber si vas a tener ducha, electricidad o posibilidad de verter aguas negras/grises, por si tienes que cargar/descargar antes de meterte en según que zonas. 

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