Ruta por Canadá: la carretera de los glaciares

Saludos cosmonautas,

después de dejar atrás el fabuloso parque nacional de Jasper, era el momento de dirigirnos a Banff. Ya que este último está pegado al primero, es un viaje relativamente rápido (si vais con calma os puede lleva medio día), pero os recomendamos que disfrutéis del trayecto, ya que para llegar tenéis que tomar la ruta (93) conocida como “la carretera de los glaciares” (Icefields Parkway o Promenade des Glaciers, en los dos idiomas oficiales de Canadá). La carretera, de dos carriles y una velocidad máxima de 90 km/h, transcurre por un valle de las montañas rocosas que cada vez se hace más estrecho, y es entonces cuando uno empieza a encontrarse con algunos de esos glaciares impresionantes que dan nombre a la ruta.

A lo largo de la ruta habrá muchas oportunidades de pararse para contemplar montañas, ríos, varios lagos impresionantes, y por supuesto los glaciares. La verdad es que pararse en todos es casi imposible, a no ser que uno pretenda llegar entrada la noche a Banff. Y es que hay que tener en cuenta que los cámping que hay a lo largo de la ruta son de los más básicos, sin duchas, electricidad o agua.

La primera parada típica de esta ruta son las Athabasca Falls, que al estar bastante cerca de Jasper se puede hacer cuando estés por la zona. Son unas cataratas bastante espectaculares, pero precisamente por estar tan cerca de Jasper suelen estar bastante llenas de gente. Aunque se trata de una buena vista (la fuerza de las aguas es impresionante), si tenéis prisa o queréis meteros en sitios menos poblados quizás os lo podéis saltar, pero no está de más hacer una paradita.

Estas son las Sunawapta Falls, unos pocos kilómetros al sur de las Athabasca, y con mucha menos gente (aunque algo más modestas). 

Una de las paradas obligadas para cualquiera que se anime a hacer esta ruta es precisamente el Athabasca Glacier, que identificaréis fácilmente ya que hay un pequeño complejo turístico a un lado de la carretera, con un enorme parking. En ese complejo encontraréis restaurante e información de las actividades que se pueden realizar en los parques de Alberta. Desde allí también salen las excursiones que te llevan en un autobús especial al mismo glaciar, para que puedas hacer un paseo por encima del mismo. Pero como esto te puede salir algo caro (en tiempo y dinero), siempre tienes la opción de acercarte a pie y verlo desde abajo.

Si uno se decide por acercarse a pie al glaciar, se encontrará por el camino distintos carteles que marcan varios años distintos. Se trata de unas mediciones que se han hecho durante décadas que indican hasta donde llegaba el glaciar. Y es que sea por el motivo que sea (calentamiento global, explotación turística o pura naturaleza), el glaciar cada año se va haciendo más pequeño y va perdiendo terreno de forma bastante rápida. Llegados al final del camino nos espera una cuerda que pone límite a la caminata, y que viene acompañado de una gran cantidad de carteles que advierten de los peligros de acercarse demasiado al glaciar. Y es que el comportamiento de esos bloques de hielo no se puede predecir, y ha habido varios incidentes que en el mejor de los casos han acabado en aparatosos rescates, y en el peor en la muerte de un niño que fue arrastrado por el riachuelo de agua helada que queda justo debajo del glaciar.

Nosotros, valientes y temerarios que somos, nos saltamos el cordón de seguridad, pero mantuvimos siempre una distancia prudencial con la parte realmente peligrosa. Pero había muchos que sí se atrevían a subir encima del mismo glaciar, y eso sí es realmente peligroso. Así pues, si no podéis aguantaros y queréis saber lo que se siente paseando por un milenario bloque de hielo, lo mejor que podéis hacer es ir contratar el tour que mencionábamos. Tonterías las justas.

Una vez visto el paisaje del glaciar, entre antártico y lunar, proseguimos hasta uno de los varios cañones que se pueden encontrar también en la ruta. Nuestra parada de avituallamiento fue el Mistaya Canyon, perfecto para relajarse con unas bonitas vistas y el siempre relajante sonido del río.

Poco antes de llegar a Lake Louise, nuestra primera parada en el parque de Banff, nos encontramos con uno de esos típicos lagos impresionantes que salen como setas en Canadá. En este caso se trata del Bow Lake, y no era precisamente el más grande de la ruta, pero sí uno de los más bonitos, con un espectacular color turquesa.

Esta foto es un pequeño guiño a nuestro anterior viaje a China

Y en la próxima etapa os contaremos nuestro periplo por Banff, un parque precioso, pero con un problema que ya os contaremos…

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