PASATIEMPOS DE VIAJE

Saludos cosmonautas,

Espero que se hayan instalado ya cómodamente en sus cámarotes y hayan empezado a explorar los rincones de la Arcadia. Lógicamente aún no habrán podido ver mucho, de hecho, apenas han visto nada, pero recuerden que este es un viaje largo, y ni siquiera tenemos una duración estimada, así que tienen todo el tiempo del mundo para empezar a descubrir nuestra nave.

Nuestro querido Urías, a pesar de su juventud, es un pasajero veterano de la Arcadia, pero aún le queda mucho por ver. Uno de sus descubrimientos a bordo de la nave ha sido el tiempo libre. Y es que, a pesar de la existencia de algunas pocas obligaciones como pasajero de la Arcadia, uno se encuentra que la mayor parte del tiempo, mientras vagamos por el espacio, no hay nada que hacer.

Para algunos, el tiempo libre es como una maldición, no saben qué hacer con él. El trabajo ha conseguido eclipsar cualquier otro aspecto de su vida diaria. En realidad, desde hace ya varios siglos, el llamado “ocio” se ha visto sometido a una campaña de desprestigio por parte de varios personajes que le veían más gracia al neg-ocio (la negación del ocio) que a la libertad que da poder disponer del tiempo como a uno le plazca. Así pues, ya desde Maquiavelo, Lutero, hasta los protestantes americanos como Benjamin Franklin, se han ido acuñando frases como “la ociosidad, como el moho, desgasta mucho más rápidamente que el trabajo” o “el tiempo es oro“, y la terrorífica “el trabajo dignifica” que han entrado a formar parte de los valores de la sociedad occidental dejándola tocada casi de muerte (muerte cerebral, se entiende).

Pensadores griegos como Aristóteles eran de la opinión que el ocio era precisamente lo que conducía a las personas al cultivo personal, y por lo tanto a la excelencia. Y que el trabajo no hacía más que degradar a la inteligencia. Es por ello que aquí, en la Arcadia, nos tomamos muy en serio el tema del ocio. Y es que creemos que, no solo es el ocio parte de lo que somos, si no que también es el camino que tenemos para forjarnos y descubrirnos.
De hecho, el orígen de la palabra ocio en griego dió pie a la palabra latina para escuela, y así es como lo vemos nosotros.

Algunos dirán que el propia capitalismo ha devuelto al ocio la importancia que había perdido. Pero la verdad es que todo esto son paparruchas, ya que detrás de este nuevo culto al ocio se esconden las mismas ideas del neg-ocio, y que nos han llevado a la paradoja del tener que trabajar cada vez más para poder disfrutar del ocio…

Desde la Arcadia reivindicamos volver a las ideas de los clásicos griegos al respecto. Sabemos que ellos lo tenían más fácil ya que disponían de esclavos (y en realidad la cosa no ha cambiado tanto), pero desde aquí proponemos aplicar la imaginación de Isaac Asimov y la técnica del pueblo nipón, para que los humanos podamos dejar en manos de robots las arduas tareas que no hacen más que espongificar nuestro cerebro.

Así es como lo hacemos en la Arcadia, y por eso encontraréis en nuestra nave un montón de oportunidades para educar vuestras mentes (cada uno a su propia manera) y para descubrir nuevas formas de disfrutar de vuestro tiempo libre.

Para más información respecto a la evolución del ocio, e aquí dos tratados interesantes:

La sociedad capitalista como negación del ocio (Simón Royo Hernández)
Del ocio al neg-ocio… y otra vez al ocio (Gaspar Rul·lán Boades)

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COMIENZA EL VIAJE

Saludos cosmonautas, les habla El Capitán:estamos a punto de iniciar un vuelo interestelar que nos va a llevar hasta los confines de las galaxias conocidas, y con suerte, hasta aquellas que aún están por conocer.
Nuestra nave se llama Arcadia, es un buque preparado para el vuelo en el espacio, pero también para surcar ignotos mares llenos de ignorancia, las prudentes pero agitadas aguas de la sapiencia, y también los pantanosos parajes de la mente humana.

Este nuestro viaje no tendría sentido de no ser por el más ilustre pasajero de la Arcadia. Se trata del joven Urías, un chico un tanto tímido al que no le gusta levantar la voz por encima de la de los demás. Pero ya que nuestro viaje es en realidad, su viaje, y muchos no nos perdonarían que su gloria y miseria se perdieran en el limbo, haciendo gala de un atrevimiento casi impertinente nos tomaremos la libertad de narrar las peripecias de Urías a bordo de la Arcadia.

A pesar de nuestro plan de ruta, sabemos que cualquier viaje por el infinito universo acaba siendo imprevisible, y difícilmente podemos asegurarles a nuestros pasajeros a donde nos llevará nuestra querida Arcadia. Pero no se preocupen, les podemos garantizar que todas nuestras paradas, escalas y demás, tienen su atractivo y también su propósito, aunque esto ya esté en manos de la diosa fortuna y no en las del humilde capitán que les habla.

Les invito pues a que se pongan cómodos en nuestra Arcadia. No hacen falta cinturones de seguridad (de hecho, están prohibidos), y tampoco van a necesitar sus pesadas maletas, lo mejor es olvidarse de lo que han hecho y visto hasta ahora, y dejarse llevar por el devenir. Les prometo que será interesante.

Pero antes de levar anclas, déjenme que les cite un manifiesto que dejó para la posteridad un viejo amigo, y el cual nos apropiamos para bautizar nuestra nave y guiar nuestro cometido:

“Vago por los confines del espacio…

Me llaman El Capitán…

Viviré libro bajo la bandera de la calavera,

en este mar sin futuro,

hasta que las fuerzas me abandonen…

viviré libre bajo mi propia bandera…”

 

herlock_bandera

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