Más allá de Dragon Ball: los otros manga del boom


Saludos cosmonautas,

Antes de empezar con el tema de hoy, un pequeño apunte. ¡Y es que ayer llegamos a la friolera cantidad de 10.000 comentarios en el blog! El responsable del comentario 10.000 fue Jockey de Genjutsu, pero os tenemos que agradecer a todos los que comentáis día a día en este humilde blog por vuestra constancia y todo el aprecio que nos mostráis. Visto lo visto, nos consideramos muy afortunados de que tengamos tal cantidad de comentarios en cada post, nos encanta ver cada día a los habituales al pie del cañón (como Deka Black que en un 95% de las ocasiones comenta el primero), pero también leer a los que lo hacen de uvas a peras, los que lo hacen una vez en la vida, y también a todos los que nos insultan de forma regular en el fabuloso post de las Morning Musume Porno. ¡1o.000 gracias a todos!

Y ahora seguimos con la semana dedicada a explicar el boom del manga en los noventa a través de publicaciones profesionales y amateurs. Si ayer hablábamos de Dragon Ball y su capacidad para generar ventas, hoy queremos hablaros de todo lo que no es Dragon Ball, es decir, todos esos otros manga que muchos descubrieron a partir de revistas como NEKO, KABUKI o KAME entre ingente cantidad disponible. Está claro que la mayor parte del atractivo de estas publicaciones era todo lo que tenía que ver con Son Goku (no hay más que ver que muchas perecieron cuando se agotó el filón), pero hay que reconocerles el gran mérito de haber sido uno de los motores de la creación de la “escena manga” en nuestro país. No hay que subestimar la labor divulgativa que realizaron hablando de mangas totalmente desconocidos que ni siquiera se habían publicado aquí (algunos llegarían a hacerlo, otros no), así como los muchos “dossiers” o reportajes especiales que dedicaban a ciertos autores o géneros. Como por ejemplo…

Aquí tenemos un dossier dedicado al Jidaimono, el género de los samurais, que realizaron los de NEKO en su número 15. Aquí introducían un buen número de mangas tan míticos como “El lobo solitario y su cachorro”, “Kamui”, “La Espada del Inmortal” e incluso el “Dororo” de Osamu Tezuka. Nótese como ya entonces nos empezaban a poner “notas culturales”, como el significado de samurai, que entonces eran totalmente desconocidas, y poder informarse de todo esto costaba más que un simple click. Ofrecer un contexto y unas explicaciones sobre una cultura aún muy desconocida creemos que fueron uno de los factores que llevó a que esta afición por el cómic japonés se convirtiese en “algo más”, y muchos acabasen sintiendo una especial atracción por Japón.

Pero lógicamente estas revistas no se dedicaban sólo a hablar de obras no publicadas. Aunque estábamos lejos de los números que se manejan hoy en día (a pesar de que hayan caído en picado las publicaciones), ya se empezaban a ver cada vez más títulos y una variedad considerable en temáticas. Seguramente podríamos hablar de cierta experimentación, se tanteaba un poco el terreno. Y es que estaba claro que a la gente le gustaba Dragon Ball, ¿pero qué le iba a gustar al público español de la estratosférica cantidad de obras que se publicaban en Japón? Uno de estos valientes experimentos fue…

¡Gamma! Hace tiempo hicimos un post junto a Ale de Pepinismo (replicado por Marc Bernabé) hablando de esta obra que a algunos nos marcó muchísimo, pero que a pesar de ello, su éxito fue tan clamoroso que duró sólo 11 números, costándole a Norma Editorial su dinerito y una gran decepción con el público español (argumentaban que el público español aún no estaba preparado para obras así, ¿lo está ahora?). Debemos confesar que nosotros fuimos de los primeros a quien las portadas de Gamma tan poco “manga”, en nuestra limitada visión de entonces, nos echaron para atrás. Pero con artículos como este de la KAME nº3, y tantos otros que le dedicaron el resto de revistas, nos convencieron. Descubrimos a este pobre dependiente de supermercado y también que en Japón no todos los cómics hablaban de gente con superpoderes (o habilidades casi sobrehumanas como las de Oliver y Benji). Y nos encantó, entusiasmo, nos abrió un mundo. Aunque esto ya lo contamos en ese post.

No todo fueron experimentos raros. Aquí tenemos un página que nos habla de “¡Estás arrestado!”, la obra de Fujishima Kosuke, autor también de “¡Ah!, mi diosa” (¿qué le pasaba con las exclamaciones?). Pero lo interesante es ver el párrafo inicial, donde nos hablan de algunos de los autores de renombre de entonces. Empezando por Takada Yuzo de “3×3 Ojos”, uno de los míticos mangas de la época que nos parece que ya no se recuerda mucho, y también Egawa Tatsuya y su más reivindicado “Golden Boy”. Para muchos, estos títulos fueron de lo primero que leyeron fuera de la órbita de Son Goku y Ranma 1/2, educándose en la narrativa del manga, sus tópicos y su obsesión por vestir a chicas de uniforme (casi al mismo tiempo se publicó “Siempre es domingo”, también con una chica policía de protagonista).

Pero sí las revistas fueron importantes, el papel de la televisión fue crucial a la hora de convertir el manga y el anime en “trending topic” durante muchos años. Las revistas también comentaban los estrenos televisivos, al mismo tiempo que se escribía un artículo tras otro quejándose del mal trato que recibían las series (continuas reposiciones, la clásica polémica de los nombres traducidos, etc.), o se publicaban cartas airadas de los fans en contra de Antena3 y Tele5 principalmente. Una da esas series también míticas de esos tiempos, y que se recuerda muchísimo en Catalunya fue una de las primeras obras del ahora aclamadísimo autor de culto Urasawa Naoki.

¡Yawara! O “Cinturó Negre” que se llamaba en Catalunya. Con “Ginger” de protagonista (recordad lo de los nombres), y su mítico abuelo cascarrabias, el maestro Inokuma. Fijaros en la introducción del artículo (Kame nº3), para que veáis como estaban los ánimos por entonces. Lo curioso es que han tenido que pasar casi 15 años para que se llegara a publicar el manga (en catalán), y esto es algo que veremos con los siguientes ejemplos; a pesar de lo que ha crecido el público y el mercado del manga, se siguen rescatando algunos de los hits de hace dos décadas.

En el Kabuki nº2 nos hablaban de la obra posterior de Otomo Katsuhiro, el autor de “Akira”, del que por entonces apenas conocíamos nada más que el anime, pero que tan importante fue su llegada. A nivel personal, esta fue otra de las obras que nos cautivaron… y que acabó sin publicarse por completo. Afortunadamente hace un par de años Norma la rescató del olvido y volvió a editarla. Y como os decíamos, parece que ha tenido mucho más éxito, ya que al menos esta vez se ha podido publicar en su totalidad. Así pues, tenemos ejemplos de manga que sucumbieron en seguida y de otros que tuvieron un éxito (relativo) que se ha mantenido en el tiempo. Pero ahora vamos a hablaros de un caso extraño, el de un mocoso y su familia disfuncional…

¡Shin Chan! Seguramente ya lo habremos contado en alguna ocasión, pero nos hacemos mayores y nos gusta contar batallitas. A raíz de este artículo fuimos seguramente de los pocos que se animaron a comprar la primera edición española que se hizo de las tiras cómicas de Shin Chan (que se publicaron con el formato habitual de recopilatorios de tiras cómicas). Shin Chan no duró más de tres números. Pero es que si Gamma parecía una apuesta arriesgada… Shin Chan podía parecer una locura. Un dibujo “extraño”, un humor muy particular, y encima, eran tiras cómicas. ¿Cómo podía aceptar eso un público más preocupado por la nueva transformación de Son Goku o cuántos penes metálicos aparecían en Urutsukidoji? Pues no lo hicieron, pero el boom posterior, gracias a la serie de animación (bastante más light que el manga), demostró que todo es cuestión de cuando y como se publica algo, y como esto puede marcar la diferencia entre un fracaso de 3 números y un éxito que ha marcado varias generaciones de espectadores (pequeños y mayores).

A principios de los noventa todo el anime se medía a partir de “Akira”, era el zénit de las producciones de animación, y había que ver si los nuevos productos estaban o no a su altura. Hasta que llegó un nuevo anime que volvió a ponerlo todo patas arriba.

“Ghost in the shell”, por supuesto. Y no estamos hablando ni de segundas partes, remasterizaciones ni nada parecido. El auténtico y original que puso el anime en otro sitio, en un terreno mucho más adulto. “Akira” ya era para adultos, pero a algunos les faltaba un empujoncito más para convecerse de que esto no eran unos simples dibujos animados para niños. Y además, en cuanto a técnica, una maravilla para la vista. Aunque hay que hacer notar que el autor, Shirow Masamune, no era un desconocido, ya que aquí ya conocíamos muy bien “Appleseed” (uno de mis manga favoritos en esa época), o con “Dominion Tank Police”. Pero juntarse con Oshii Mamori fue un grandísimo acierto. Y el resto, ya es historia.

En su afán por dar a conocer un mundo desconocido a quilómetros y quilómetros de distancia, los de NEKO llegaron incluso a traspasar las fronteras niponas para irse al “país del centro”. Nos advertían de que llegaba… ¡el cómic chino! Y a pesar del entusiasmo con el que nos lo presentaron, con un artículo que no hizo nadie de la redacción pero que tuvo un montón de páginas, la cosa tampoco fraguó.

Como comentan en el artículo, ya había habido un tímido desembarco de cómics chinos en España con “Tigre Wong” y “Drunken Fist”, aunque desaparecieron sin pena ni gloria. Pero nos aseguraban que esto era el próximo boom… una cagada más, con perdón. Pero si bien es cierto que ha habido durante un tiempo algo de mercado para el cómic chino, y sobretodo coreano, actualmente, después de la debacle de la crisis, parece que ya no queda ni un título que se publique en la actualidad (que sepamos, vamos). De todos modos, un artículo muy interesante incluso hoy en día.

En próximas entregas llegaremos aún más lejos analizando este afán divulgativo de algunas de estas revistas, que les llevó incluso a empezar hablar de cine, especialmente el de Hong Kong, o de hacer sus primeros artículos sobre viajes a Japón (que ahora nos parecen tan inocentes). Pero con este post esperamos haber podido mostraros esas ganas que había de descubrir un nuevo mundo, no sólo en cuanto a manga se refiere, sino también en cuanto a la cultura nipona. Editoriales y revistas lo intentaban, querían crear un mercado/escena que abarcase una gran variedad de títulos y géneros. Y está claro que algo consiguieron. Aún así, parece que seguimos teniendo ciertas limitaciones en cuanto a cultura manga se refiere, si esto lo sumamos a la crisis en general, y a la editorial en particular… pintan bastos.

Pero bueno, si se nos ha agotado la gallina de los huevos de oro, y a la gente no le interesan las cosas nuevas o diferentes… siempre podemos confiar en el maestro Toriyama.

¿Alguien se acuerda de esto?