Japonofilia: Como empezó todo

Saludos cosmonautas,

lo cierto es que no teníamos pensado postear esta semana (aparte de la bromita de ayer), y de hecho será difícil que lo hagamos en las próximas entre la fiesta de fin de año y una expedición a tierras alicantinas que nos hace mucha ilusión (por múltiples motivos que tarde o tempranos serán revelados). Pero el amigo Jockey, del blog Genjutsu “Ilusiones diarias”, nos ha lanzado una especie de meme que nos hacía gracia contestar, sobretodo porque estamos época de recapitulaciones, valoraciones, recuerdos, etc., y por lo tanto es un buen momento para echar una mirada atrás y ver lo que nos ha llevado “hasta aquí”, es decir, a est “japonofilia” blogger que muchos compartimos en lo que Jockey ha llamado la “japonosfera” y por aquí hemos llamado el Nexo Japón.

Es difícil empezar por algo concreto, creo que esto es algo que se venía forjando poco a poco, incluso antes de darme cuenta de que lo que estaba alimentando mi infancia eran en buena parte manifestaciones culturales japonesas. Como muchos otros podría hablar de “Dragon Ball”, y antes incluso de “Dr. Slump”, o también “Ranma 1/2”, pero es que ya antes había alucinado con “Comando G” y “Ulysses 31” (a pesar de los pocos recuerdos que tengo, pero ahí están entre algunos surcos de mi corteza cerebral), también con la “Pequeña Polon“, “Heidi” (en las reposiciones, que no soy tan viejo), y estoy seguro que hubo más anime pero que ahora mismo no puedo recordar (¡por supuesto está Capitán Harlock!). “Dragon Ball” fue un punto de inflexión,  de eso no hay duda, y el fenómeno de las fotocopias es un claro ejemplo del inicio de una vida de “frikismos”, pero no necesariamente el definitivo, ya que creo que la película de “Akira” fue lo que realmente me acabó marcando profundamente y lo que me llevó a interesarme por más cosas. En este sentido, creo que “Dragon Ball” tenía interés por si mismo, y no necesariamente llevaba a todo el mundo a interesarse por otras series (quizás “Fly” intentó explotar ese interés, pero no llegó a acercarse al impacto de “Dragon Ball”, y diría que ni siquiera al de Arale), pero “Akira” sí era algo diferente y espectacular (al menos en su momento), algo que habría las puertas a un tipo de animación distinta, más adulta, algo a lo que no estábamos acostumbrados. A pesar de ser aún un niño, Akira me estaba diciendo que los dibujos animados no tenían porque ser solo una cosa de niños. En ese momento fue providencial la aparición de un “noche de manga” en el Canal 33 (la segunda cadena de TV3) en la que un jovencito Óscar Valiente (ahora en Norma Editorial) presentaba algunos animes que luego un servidor se grababa en VHS. Ahí descubrí todo un mundo con animes como “Grey” (que si no recuerdo mal fue el primero), y también “Golgo13” o “Royal Space Force“, la primera película de Gainax que se había vendido como la nueva “Akira” por su fantástica animación, pero creo que pocos deben recordarla a día de hoy. Lo que hizo ese programa fue empezar a generar esa sensación de “mundillo”, de  una”escena manganime”, y claro está, alimentaba el interés.

Paralelamente a esto, y no necesariamente interrelacionado en mi cabecita por entonces, estaba el tema de los videojuegos. Después de años jugando con el Spectrum y el MSX, llegaban de Japón unos aparatos que servían para jugar, y que suplicamos mi hermano y yo a nuestro padre que nos lo comprara unas navidades. Era la Master System II, al cabo de poco llegó la Megadrive (sí, al principio yo era de Sega, y no llegué hasta Nintendo al cabo de un buen tiempo con la Super Nintendo). Supongo que al empezar a interesarse uno por los videojuegos, la atención se dirigía irremediablemente a Japón, y las imágenes de juegos con caracteres japoneses que estaban por llegar, o incluso aquellos que no llegarían nunca, empezaban a fascinar.

Pero de la época de “Akira” y “Dragon Ball” habría que añadir otro paréntesis, el del cine de acción hongkonés. Manga Films se lanzó no solo a traer anime (y a calentar al personal con la saga de Urutsukidoji), si no también a sacar los VHS del mejor cine de acción que se ha hecho jamás, el de Hong Kong, sobretodo gracias a la unión del director John Woo y el actor Chow Yun Fat. Aunque por entonces quizás era demasiado pequeño para acceder fácilmente a todo ese material, y pocas fueron las películas que pude ver, sin duda me marcaron esas portadas, esos trailers, y todas esas coreografías imposibles. Lógicamente no estamos hablando de Japón en este caso, pero sí de un despertar del interés por todo lo asiático en general.

Pero lo que realmente se desarrolló fue el interés por el manga, poco a poco el cómic japonés se hacía un lugar en los quioscos. La verdad es que es incomparable la oferta que había entonces con la que hay ahora. Antes podías estar casi enterado de cualquier manga que se publicaba, pero ahora es algo inabarcable. Recuerdo también que en esa época apareció también la Shonen Magazine, la B’sLog de entonces, aunque con una selección de títulos bastante más potente que la “versión actual”, pero al cabo de un tiempo fracasó (como tantos otros títulos). Por entonces hubo dos obras que me engancharon de mala manera, todas ellas obras muy romanticonas, como son “Video Girl Ai” y “Kimagure Orange Road” (las hormonas de adolescente iban como locas por ese entonces – bah, en realidad siguen más o menos igual).  Pero también hubo otros que me marcaron como los primeros tomos de “Bastard!!” (con tantas referencias al Metal era imposible no pasárselo bien) o “El Puño de la Estrella del Norte”. En su momento ya lo contamos, pero lo cierto es que podemos citar “Gamma, el Hombre de Hierro” como uno de los manga que más hicieron para forjar esa atracción por Japón, al ser un manga que mostraba como ninguno de los que se había publicado hasta entonces lo que era la “vida real” de un japonés. Pero la serie se canceló. Y justamente en ese momento, en el mundo del cómic se daba un nuevo fenómeno. Los cómics americanos de toda la vida empezaron a recibir las influencias del manga, y una portada con una Pícara dibujada al estilo manga, en la Saga del Apocalípsis, me llevó de vuelta al mundo de Marvel Cómics, abandonando el manga durante un montón de años.

Después de dejar el manga y de dejar también de seguir las colecciones Marvel (principalmente por meterme de lleno en el mundo de la música, y por qué no decirlo, por echarme novia), ¿qué fue entonces lo que renovó mi interés por “lo japonés”? La cosa vino de manos del cine de terror, del cual me había convertido en un auténtico fanático. La revista Fangoria publicaba un artículo sobre “ringu (the ring)“, una sencilla película japonesa, pero que ponía los pelos de punta. Esa película fue el inicio de la llamada “New Wave Of Japanese Horror Movies“, una ola de pelis de terror novedosas y muy excitantes que pondría de moda el cine asiático en general (“Dark Water”, “Ju-on”, “Kairo”, “Audition”…). Y sí, eso hizo que mi interés volviese a girar alrededor de Japón de una forma más intensa, pero también podría decir que más madura. Ya no solo me interesaba ver películas, si no que sentía un interés general por su cultura, por sus costumbres…

También podría hablar de los dorama, las series de televisión japonesas, que llegaron algo después de mi afición al cine japonés. Y más concretamente hablaría de Densha Otoko, que encendió de nuevo mi interés por el manga por sus constantes guiños a Keroro y a la cultura otaku en general…

…y para rematarlo todo, llegó la música.

Debía correr el año 2002 o 2003, y en la redacción de Hell Awaits Magazine, la publicación sobre Metal Extremo en la que escribía por entonces, corría un CD con unos curiosos vídeos. Una banda japonesa con unos vestidos espectaculares, con una puesta en escena brutal, y unos videos muy llamativos. ¿Qué era eso? No tenía ni idea, y además ni siquiera podía escucharlo, así que simplemente me quedé con esa imagen en la retina durante mucho tiempo. Un tiempo después leía la notícia de que Marty Friedman, exguitarrista de Megadeth (uno de mis grupos favoritos), se largaba a Japón para tocar con una popular cantante de Rock japonesa, una tal Aikawa Nanase. Mi interés por Japón hizo que investigara un poco más y empecé a escuchar a Aikawa Nanase a dosis regulares. Eso hizo que recordara que en su momento me había quedado prendado de un grupo japonés con unos espectaculares vestidos. Al haberme metido ya en Internet buscando a Aikawa Nanase, fue mucho más fácil dar finalmente con mi objetivo, así que al final los encontré, unos pavos que parecían mujeres llamados Malice Mizer, luego descubrí lo que era el Visual Kei, y ahí tiene otro frente abierto en lo japonés.

Supongo que en ese momento algo hizo click en mi cerebro, los cabos empezaron a atarse sin que me diera cuenta, y más tarde ya me pasaba el día leyendo blogs sobre Japón, óbviamente el de Kirai, también el de Ale, Flapy, Óskar… y al final, después de un par de viajes a Japón, después de ponerme a estudiar algo de japonés, y finalmente embarcarme en una segunda carrera universitaria de Estudios de Asia Oriental… nació la Arcadia, que sin ser un blog “sobre Japón”, es más que evidente de donde procede la mayor parte de la inspiración.

(Seguro que me he dejado un montón de detalles, así que espero vuestros comentarios, que ya me están ayudando a reconstruir mi historia.)