Doraemon y la mirada perversa del crítico

Saludos, cosmonautas.

Desde hace ya unas décadas, Doraemon se ha convertido en una presencia constante en la programación infantil de varias cadenas, y es todo un referente para varias generaciones. La serie se ha emitido en una especie de bucle infinito, y esa emisión cíclica se puede aplicar también a toda una ristra de artículos de críticos televisivos, columnistas y (ahora también) tuiteros, que van pregonando que Doraemon es una aberración moral, y que hasta ahora no nos habíamos dado cuenta (¡gracias por iluminarnos!).

La mayoría de estos artículos están plagados de una miopía cultural considerable. No se tiene en cuenta el contexto, e incluso parece que sus autores tienen ciertas dificultades para comprender realmente la moraleja de muchos episodios de Doraemon (si es que la hay). Pero me puedo imaginar fácilmente a un crítico aburrido, con poca inspiración, haciendo zapping, y encontrándose con un episodio de Doraemon (claro, los echan a todas horas), y así se le enciende la bombilla y ya ha encontrado tema, no hace falta pensar más (y esto último se sigue aplicando a la hora de redactar el artículo). Esto se puede aplicar también a tuiteros y otra serie de voces críticas que saltan al carro del linchamiento de referentes clásicos de la animación infantil.

La crítica más manida es la de Nobita como personaje vago e inútil (que lo es), y que todo lo soluciona pidiéndole a Doraemon uno de sus inventos. En definitiva, que Nobita es un mal ejemplo, porque no fomenta valores positivos, sino que utiliza argucias para salirse con la suya. Lo que suelen olvidar la mayoría de estos críticos es que los inventos de Doraemon, al final, terminan creando más problemas que soluciones, y Nobita suele salir perdiendo (o al menos no obtiene la victoria que esperaba). En definitiva, lo que parece que son incapaces de ver es que casi siempre hay una moraleja, la misma: las cosas hay que conseguirlas a base de esfuerzo.

Y es que la idea del esfuerzo como camino para llegar al éxito es una idea muy arraigada entre los japoneses. En comparación, nosotros somos mucho más deterministas, y solemos considerar que hay muchos factores (que no controlamos) que afectan nuestro destino (suerte, clase social, etc.). Pero cuando los críticos hablan de Doraemon parece que no tienen en cuenta las enormes diferencias culturales que nos separan de los japoneses. No solo eso, también se olvidan que el personaje nació en 1969 en forma de manga, su primer anime (prácticamente desaparecido) se estrenó en 1973, y el segundo y más longevo en 1979 (hasta 2005).  Es decir, que la historia y los personajes (que se han mantenido prácticamente inmutables) se crearon hace más de 40 años. Olvidar esto, y dejar de vuelta y media los valores que (según su opinión) transmite la serie, es simplemente una muestra del clásico etnocentrismo occidental.

Otra de las críticas habituales se suele centrar en los padres de Nobita, como ejemplo de machismo recalcitrante. Y sí, eso es totalmente cierto: la madre de Nobita es ama de casa y no hace más que limpiar, y encima parece una amargada que siempre está gritando y quejándose. Además, el padre, el que trae el dinero, casi siempre aparece borracho y no hace absolutamente nada en casa. En definitiva, estereotipos machistas. Pero, ¿acaso no son fieles retratos de lo que pasaba en la sociedad japonesa de la época? Es más, en el Japón actual, siguen siendo dos modelos bastante aceptados como “normales” (sí, Japón es un país muy machista todavía, puede que más que España). ¿Y acaso no encontraremos decenas de ejemplos contemporáneos de Doraemon en tebeos españoles donde se muestran exactamente las mismas cosas? Insisto, es un reflejo de la sociedad y la época de donde proviene la obra. ¿Significa esto que se están defendiendo esos valores? Pues esto sería mejor preguntárselo a los autores, pero describir una realidad no implica que se esté defendiendo o ensalzando. Y esto es algo que podemos aplicar al resto de personajes, empezando por Nobita, Doraemon, Gigante o Suneo. Cierto es que ninguno de ellos es un modelo a seguir, ¿pero por qué deberían serlo? Tanto que nos gusta la figura del anithéroe, y somos incapaces de concebir que en una serie infantil también se presenten personajes así. No, amigos críticos, Nobita no es un ejemplo a seguir para los niños japoneses, y ellos lo saben bien. Y quiero pensar que los niños que han visto a Doraemon en TV3 o en Boing tampoco aspiran a ser unos Nobita en el futuro (bueno, quizás alguno que quiera ser presidente del Barça).

Por cierto, parece que nadie menciona nunca a otro personaje de Doraemon, su hermana Dorami, que se muestra como un robot “mujer” mucho más avanzado, es la primera de la clase e incluso más fuerte que su hermano varón. No solo eso, sabe manejar mucho mejor los inventos, y sería capaz de hacer el trabajo de Doraemon mucho mejor. Y es que lo que también olvidan algunos (a pesar de sus indagaciones sobre los escandalosos orígenes de la trama), es que Doraemon es un robot defectuoso, y por lo tanto, es normal que la cague a menudo cuando le ofrece un invento a Nobita. Y otra cosa que a muchos les pasa por alto es que la serie, en el fondo, sigue la estela de muchos mangas y anime que durante la década de los 50 y los 60 se dedicaban a ensalzar la tecnología y la ciencia (principales motores económicos del Japón de la posguerra), y en muchos casos, perseguían fomentar la vocación científica entre los espectadores. Pero en el fondo, es puro entretenimiento, y no persigue más que la risa. Porque cuando Doraemon quiere ponerse didáctico o dar ejemplo lo hace, y normalmente en otros contextos (libros de texto, por ejemplo).

El “alcoholismo” del padre es otro tema que aparece de vez en cuando, algo que (¡ah, sorpresa!) veremos en otras series como Shin-chan, donde la figura paterna tiene muchos paralelismos; una vez más, porque surgen de una realidad concreta y contemporánea. Y es un buen ejemplo de lo fácil que es malinterpretar un comportamiento, cuando no tenemos en cuenta el contexto cultural en el que se origina. Lo que aquí tachamos rápidamente de “alcoholismo” (adicción al alcohol), en Japón se vive y se interpreta de forma muy distinta. Es muy habitual que los oficinistas salgan casi a diario a cenar con sus compañeros de trabajo (no siempre con ganas, pero hay que hacerlo, especialmente si lo manda el jefe), y en estas cenas el alcohol tiene varias funciones: por un lado, romper el hielo, ya que las relaciones sociales en Japón suelen estar muy encorsetadas y regidas por un protocolo bastante estricto. Pero además, el alcohol, en el contexto empresarial también sirve para que los comensales puedan hablar sobre temas que en la oficina no se pueden abordar de una forma sincera y directa (tampoco nos pondremos ahora a definir todo el tema honne/tatemae, buscadlo). En definitiva, no es tanto una cuestión de alcoholismo, sino que podríamos decir que forma parte de su trabajo. Por lo tanto, esa imagen que aquí se puede interpretar como la de un padre alcohólico, en Japón se ve como algo normal, no necesariamente bueno (por supuesto que esto va a molestar a la parienta), pero solo hace falta pasearse por una estación de tren/metro de Tokio un día cualquiera a coger el último tren, para ver a un montón de hombres trajeados borrachos por los andenes (y suelen ser los borrachos más educados y menos molestos del mundo).

Por cierto, un artículo criticó duramente un episodio en el que Doraemon se saca del bolsillo un invento que permite que cualquier bebida tenga los mismos efectos del alcohol. Como es de esperar, se escandaliza porque Doraemon está alcoholizando a los niños, pero como ocurre casi siempre, se olvidan de contar todo lo que viene a continuación, sin llegar a intentar comprender qué se está mostrando, por qué, y qué consecuencias tiene. Y precisamente es un episodio que está explicando justamente qué efectos tiene el alcohol en las personas, e incluso, porqué los adultos JAPONESES beben en ciertas circunstancias. Pero claro, es más fácil y más llamativo quedarse con la premisa y no ir más allá.

De hecho, es curioso (y molesto), que este ejercicio de se venga haciendo desde hace décadas con todo lo que viene de fuera, y pocas veces esa misma mirada crítica se aplique a uno mismo (eso tan español de la paja en el ojo ajeno). Quizás sea porque es mucho más fácil demonizar lo que viene de fuera, porque es más difícil de comprender. En cambio, esas mismas críticas sobre machismo o alcoholismo se podrían aplicar a decenas de tebeos españoles publicados durante las mismas fechas en que se creó Doraemon y a lo largo de varias décadas. ¿Por qué no se hace? Quizás porque somos más capaces de contextualizarlo y entenderlo, y en definitiva, disculpar aquellos defectos que responden a una época concreta. Y es que si nos ponemos a revisar, hay centenares de clásicos del cine, la literatura y los cómics que son “malos ejemplos para los niños/sociedad”.

Y volviendo de nuevo a Shin-chan, que ya recibió su buena dosis de críticas en su momento (aunque ahora parece superado). Para aquellos que puedan creer que todo el mundo interpreta las cosas de la misma manera, les explicaremos que lo que escandalizaba aquí de la serie eran todas las bromas sexuales que hacía Shinnosuke. Mientras que en Japón, que también tenía un punto de polémico, lo que más cejas levantaba era que tratase de tú a su madre, o la llamara por el nombre (algo que aquí no le importaba a nadie). Por cierto, Shin-chan se publicaba en una revista para adultos.

Muchos estarán pensando que Doraemon sigue al pie del cañón hoy en día, con nuevas producciones anuales, y que sigue pecando de los mismos defectos de épocas pasadas. Y sí, probablemente el machismo sigue imperando, los roles se mantienen, pero como decía antes, ¡es que Japón apenas ha cambiado en ese sentido! Es un país muy conservador, y a pesar de su facilidad para adaptarse a ciertos cambios, hay cuestiones profundas que pueden parecer casi inmutables. Además, hay algo que muchos nunca tienen en cuenta, y es que la inmensa mayoría de mangas y anime se dirigen siempre a un público japonés, y ni por un momento se plantean qué van a pensar los guardianes de la moral occidental de sus producciones. Y que nadie se confunda, no estoy diciendo que no se pueda/deba criticar según qué actitudes, aunque abogo hasta cierto punto por el relativismo cultural, no veo problema en qué se critiquen cuestiones éticas que claman al cielo. Pero siempre debería hacerse desde una buena comprensión de la realidad de lo que se critica, y esto es algo que no he visto en ninguna de las críticas hacia Doraemon. ¿Qué saben del machismo en Japón? ¿Qué saben de cómo se bebe alcohol o de cómo se vive la sexualidad en dicho país? Visto lo visto, no saben absolutamente nada.

Y los niños tampoco, cierto. Pero parece bastante claro que los niños son bastante más inteligentes que muchos adultos (quizás es una de esas cosas que se van perdiendo con la edad), y son más capaces que algunos de disfrutar de según qué cosas sin tomárselo al pie de la letra. Hay muchos niños que disfrutan de las aventuras de Doraemon y Nobita, sabiendo que Nobita hace las cosas mal, que Doraemon es un vago y Gigante un abusón… quizás el otro problema es que algunos creen que los niños son unos sujetos totalmente pasivos, unas esponjas sin criterio, y al final unos monos que imitan todo lo que ven. Pero es que estos discursos los llevamos padeciendo en distintos ámbitos culturales desde hace décadas, y no parece que la música, los cómics o el anime hayan hecho incrementar la delincuencia o los asesinos en serie como algunos han ido pregonando. Los que creen esto quizás también son los que piensan que la educación de sus hijos depende de lo que ven en televisión. No, amigos, depende de sus padres y de su comunidad, y de muchísimos más factores antes que la televisión. Hay que educar a los niños también en cómo ven la televisión, y así puedes dejar de preocuparte tanto por qué cosas ven (porque eso llegará a un punto que será incontrolable).

Esto me lleva a pensar en las películas de Torrente, para que tengamos un referente que algunos puedan comprender. Me imagino a un crítico de cine de Estados Unidos, o cualquier otro país, poniendo a parir la película porque el protagonista es un tío asqueroso, facha, racista, pervertido y tantas otras lindezas que definen al personaje, en definitiva, un mal ejemplo (¡y una mala influencia para los espectadores, pobres ovejitas!). DUH. Y sí, tendría razón, como tienen razón los que dicen que Nobita es un vago, Suneo un cabrón, etc. Pero insisto, ¿significa eso que se crearan estos personajes para convertirse en modelos de comportamiento? ¡Claro que no! Es más, el manga humorístico está plagado de antihéroes, de protagonistas que son imbéciles rematados (desde Bakabon hasta Senbei Norimaki). De hecho, me preocupan mucho más todos esos adultos que hacen una lectura en positivo del personaje de Torrente y lo consideran una especie de icono del buen español, que todos los niños que ven Doraemon y se ríen con las tonterías de Nobita.

Sinceramente, el problema principal no creo que esté en la serie, sino en la mirada perversa (y demasiado a menudo, ignorante) del crítico.

doraemon

Doraemon es, desde hace años, Embajador Cultural de Japón. Está claro que estos locos japoneses quieren convertirnos a todos en unos pedófilos, pervertidos, alcohólicos y machistas. Es un plan de propaganda política muy bien trazado, ya lo dicen en China.